comenzar a entrenarse


Al contrario que quienes huyen de ella, la soledad me alimenta. Levanta mi piel y deja mis llagas al viento para que escuezan y sanen. Este espacio, esta bitácora de código binario, plasma negro sobre blanco la locura necesaria para seguir creciendo. Hay quien necesita coger una mano para seguir adelante, yo sigo caminos estrechos donde dos no pueden caminar al tiempo, hay quien bracea angustiado en un océano de aislamiento buscando manos amigas que lo saquen de allí, yo me sumerjo en lo más profundo para evitar hasta las redes más insistentes. Y en cambio, fiel al balanceo de un péndulo que viene y va, vuelvo de un viaje que me ha estado llevando en la dirección contraria, viaje que comenzó con el fin de un anterior camino que también llevaba dirección contraria. ¿cuantos sentidos opuestos pueden haber? ¿cuantas aceras de enfrente somos capaces de encontrar? Quizá el verdadero sentido sea el de lo inalcanzable, quizá la verdera felicidad se sienta con la búsqueda y no con el final del camino. Así sigo aunque en realidad es un comienzo. Así recomienzo un viaje que detuve hace muchos meses. Vuelvo a sacar brillo a la linterna, retomo brocha y pintura para adecentar y hacer cómodos los aposentos. Los dedos y la mente, aún atrofiados, desdibujan lo que quiero decir. pero igual que el entrenamiento al atleta, cada día que pase, estos labios cibernéticos sabran decir lo que piensan con mayor precisión.
Hasta entonces intentemos disfrutar

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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