YO y mi amiga


Esta mañana tenía el placer de hablar por teléfono con una amiga y como casi siempre, mi egocentrismo llevó gran parte del peso de la conversación. Yo…, yo…, yo…, a mi me pasa…, pues yo pienso…, yo creo que….. Aunque ella no lo sabe, es una muy buena amiga, que se preocupa por mí más de lo que yo merezco y es casi inasequible al desaliento. Creo que se ha puesto el traje de gomaespuma y ha pensado que vengan golpes por donde quieran porque el cariño ni se compra ni se vende y, mira por donde, a mí me ha pillado apego.
A mí me cuesta mucho más demostrar afecto y a veces callo dos palabras cariñosas que debería haber dicho. Luego me arrepiento, pero ya está hecho y pienso que, quizá, en la siguiente ocasión, me atreva ¿quién sabe?
Otras veces soy yo la que la echo de menos, pero como soy tan soberbio, pienso que si no le hice caso cuando me reclamaba, ¿quién me autoriza a buscarla ahora que la añoro? Seguramente, pensaréis, me complico mucho la vida, pero, sinceramente, me gusta ser complicado, o quizá es que me gusta poco molestar.
También me han dicho muchas veces que no debería pensar por los demás, que debería dejarlos atravesar mis barreras, quizá así, yo mismo aprendería que demostrar el cariño y dejarse querer no hace daño a nadie. ¡Quizá debería aprenderlo!
Pero ¿veis? de nuevo, os iba a hablar de mi amiga, y he terminado hablando de mi.
¡Si es que no tengo remedio!

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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