Un paseo por la noche


Con la callada por respuesta y la vida por delante se echó a la calle una madrugada en que las horas todavía no habían encontrado el reloj. Atrás había dejado el final de una discusión, una cama llena hasta la mitad por la espalda del enfado y un gato que le miraba sorprendido calzarse con desgana pantalones y soledad, zapatos y tristeza, abrigo y desesperanza.  Cerró la puerta con fuerza, siendo consciente de que el golpe sonaba a despedida, a tañido de duelo. Bajó las escaleras a trompicones, con pasos de huida y dudas. Las calles mojadas y el firmamento con estrellas enmarcaban su camino mientras andaba con desgana por la acera, ensimismado, con la mirada hacia adentro,, sin preocuparse mucho de los charcos que salpicaban su alma de humedad y frío. Había llovido mucho pero ahora lucían las estrellas y se preguntó como hacía el cielo para cambiar tan rápido de humor. Quizá la luna, mientras se paseaba de derecha a izquierda cosquilleara para borrar el velo de nubes en la mirada de las estrellas. O quizá la diosa de la noche no consideraba que ningún asunto tuviera tanta importancia como para mantener la niebla demasiado tiempo.
Deseaba dejar de sentir ese hormigueo, apartar de si las últimas frases escuchadas tan contrarias a las que hubiera deseado. Dejar de preguntarse porqué habian vuelto a desencontrarse. Borrar la rabia y el dolor de los insultos y reproches repartidos. El repiqueteo de los zapatos en las fachadas silenciosas llegaba a sus oidos con el eco de la discusión, y la fuerza de los reproches.
Pensó que siempre hay una primera vez para todo, pero que nunca se llega a ningún sitio sin haber emprendido un camino igual al que ahora sus pasos le guiaba., Igual sus descuidos habian conducido hasta la explosión que había hecho saltar los cristales de su corazón. El aire frío de la mañana se colaba en las entrañas y el hielo congelaba las heridas.
Buscaba calor sin ser consciente de necesitarlo. Trataba de arrancar de nuevo el motor que ponía en marcha su capacidad de sentir. El dolor huracanado dejaba poco a poco de soplar. La rabia se deslizaba por su mente como las gotas de lluvia en el parabrisas. El reproche se desmigajaba como el pan duro que damos a comer a los gorriones
Poco a poco, paso a paso, mientras la mirada se levantaba del suelo y se posaba en la triada de estrellas que marcaban el sur, su corazón curaba las grietas y encontraba la leña con la que encender la hoguera que alimentara de nuevo su pasión, su entrega,
Sin darse cuenta se encontró de nuevo frente al mismo portal que le vió salir. Miró hacia arriba y vió luz en la ventana.
Decidió entrar……….

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s