Preferencias


Siendo un asunto complejo, hay dos cosas que odio:

la preferencia absoluta de un teléfono sonando a cualquier otra circunstancia, conversación, gesto, posición, entrega…. Un ring, o cualquier tono que avise de una llamada telefónica, consigue que dejemos al contrario con un palmo de narices, con la palabra en la boca, con el beso en los labios o la comida a medio hacer.

Las preguntas ociosas, aquellas que, sea cual sea la respuesta, no hace cambiar nada. La curiosidad es innata en el ser humano y existe siempre un deseo por conocer los más pequeños y prescindibles datos sobre todo y todos. Lo peor: que nos arrogamos el derecho a ser respondidos sea cual sea la pregunta y el momento en que se haga. Nos ofendemos si no recibimos contestación o la respuesta deseada.

Hay dos cosas que he aprendido:

A dejar sonar un teléfono sin respuesta, cuando otras cosas tienen preferencia, sabiendo que cada llamada deja una huella que puede ser seguida más tarde.

Y a no satisfacer curiosidades ociosas.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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