La vida


Hoy toca mirar, buscar entre tantos la huella que ha quedado en nuestro cemento. Hoy, sentado en la tranquilidad de la tarde, vuelvo atrás, a aquel tiempo, en el que nacía de nuevo a la vida, a los momentos en que la eternidad se partía quebrada por una puerta cerrada desde afuera. No recuerdo que hubieran ilusiones. Así como tras la batalla nadie puede encontrarlas en el campo humeante de pólvora, plagado de muertos y gritos de dolor, lleno de vencidos en uno y otro bando, así también yo. lleno de dolor y preguntas, de dudas, me recuerdo, también resuelto, decidido, con ganas de aprender… Pero no era tan valiente como para no tener miedo

La vida tiene sus ciclos. Y nos hemos renovado, y hemos pensado en nosotros, y nos hemos gustado. Somos adultos y aún así seguimos creciendo, la mirada cada vez más aguda, el gesto más certero. Nos hemos vuelto a subir en la montaña rusa. Asumimos que habrán bajadas de vértigo, de esas que ponen los congojos en la garganta, las que nos hunden, las que nos hacen jurar que nunca más subirmos en esta maldita vagoneta, las que nos hacen pensar en bajarnos aunque el viaje no haya terminado…, y que tambien habrán subidas de euforia, ascensos hacia cimas que nos aproximan al cielo de los sueños. Sabemos que no tocaremos el infierno ni alcanzaremos las estrellas, que somos mortales, que nos sentimos satisfechos de la pequeña casita que hemos construido. Eso es lo que hacemos, la adecentamos, la hacemos coqueta, acogedora para vivir y espaciosa para que los amigos se sientan cómodos. Aunque en realidad no la queremos sitio de visitas, de transeuntes que la llenen de momentos puntuales. l deseamos morada, vivienda dispuesta para entrar y quedarse.

Sin embargo la mía no ha sido cuidada hasta ese extremo. Sigue siendo lugar de paso. Llena de fotografías de antiguos momentos, de épocas, de tiempos, que no tienen más que pasado y presente pero no gozan de la vitalidad de un futuro. Mi casa es como la ORA, zona de aparcamiento limitado. Y no es tanto por el convencimiento de que así me gusta, como por haber olvidado el sentimiento de compartir. El amor es como fogata. Se enciende con papeles, con material facilmente inflamable. No hace mucho, alguien me diferenciaba enamoramiento de amor. El primero se apoya en sensaciones intensas y nuevas. Es explosivo. El amor en cambio prende en los leños. Crea brasa y se consume con lentitud. Calienta con suavidad e intensidad, pero no quema. Un papel es llama que prende con rapidez y se apaga cuando se consume.

Estoy en el tiempo de preguntar ¿que quiero?. Ya tengo muchas respuestas, Es el tiempo de aplicarlas. Ahí, donde está la verdadera valentía, es el borde del precipicio ante el que me encuentro. Falta saber cual de las tres opciones que tengo será la elegida.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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