Entretiempo (de un texto de José L da Silva N)


No siempre somos lo que queremos. A veces somos, tan sólo, lo que podemos ser; lo que nos dejan; lo que la vida tiene a bien moldear con este barro del que estamos hechos. Y mientras más pronunciada sea la diferencia entre lo uno y lo otro, entre el "ser" y el "querer ser", más profundos serán, a su vez, nuestros conflictos internos y más negros los fantasmas que nos toman por residencia
 
Ya ves, buen amigo. No siempre triunfa el que más se esfuerza ni siempre el que más sufre es quien más llora. Yo ya no lloro aunque sufra. Las lágrimas nublan la vista: te impiden ver el camino; y, con dolor o sin él, es preciso ver claramente para poder avanzar. De todos modos, ahora, ¿de qué me sirve llorar?. Hoy que mi tiempo se ha ido, sólo me queda el recuerdo de aquellas sendas que anduve y la nostalgia, que no el lamento, por las que hubiera querido andar
 
más allá del azul cielo,
más allá del verde mar.
De aquel lugar donde el viento
se retira a descansar.
De aquel lugar salí un día
hacia un mundo que no podría
más que en sueños ser verdad.
 
¿Llorar? ¿para qué? tal vez te limpie los ojos, pero no te limpia el alma ni la alivia del peso de su lastre. El lamento por lo perdido es tan sólo una forma de darnos tiempo mientras buscamos la mejor manera de superar la pérdida; y al final, habremos perdido no sólo lo perdido sino también el tiempo consumido en lamentarlo. La tristeza, por otra parte, no es más que una excusa con la cual hacemos a un lado la realidad en tanto no encontramos el modo de enfrentarla. ¡Qué parecida es la tristeza a la locura!. ¿Por qué lamentarse?. ¿Por qué la tristeza?. ¿Por que llorar?. Al fin y al cabo, no eres sino lo que eres y no estás sino donde estás. Al ‘querer ser’ y al ‘querer estar’ dedicas tu vida entera pero es en el ‘ser’ y en el ‘estar’ que padeces, donde verdaderamente se te va la vida. Se te escapa el tiempo…»
 Pero fue a buscar futuro
– he ahí el error cometido –
por senderos de pasado
con el recuerdo a su lado
más que del tiempo ganado
de aquel minuto perdido
encadenado a la sombra
de algún tiempo no vivido
y la sombra es sólo sombra
una imagen aparente
un engaño de la luz.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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