El cielo de las palomas


Un salón pequeño, muebles viejos testigos de vida anterior, carcomidos por el tiempo y despojados de recuerdos. Lugar que sirve para veladas felices, para una cena íntima, para la desolación, para la felicidad, para la pasión y las dudas, unas veces alegre y musical, otras profundo y oscuro. La vida se entrega a partes desiguales entre lo real y lo imaginario sin dejar de apuntar hacia la noche. Tiempos de huída hacia adelante y sensaciones que pasan de largo sin querer quedarse. Siempre la misma pregunta; ¿es ésta la acera de enfrente? la respuesta, siempre la misma: si no lo es, haremos que lo sea.
En ocasiones el camino llega al punto donde el muro cierra toda continuación, no queda más que reconocer el error y decidir. Podemos sentarnos vencidos o tomar el camino de vuelta hasta el lugar desde donde partió la equivocación, Pero lo vivido queda y nos conforma, Aún volviendo, no será la misma persona la que retornará. Las fuerzas socavadas bajo el peso del fracaso y la pena de no haber sabido lograr el manjar aún teniendo los ingredientes.
Vamos a cambiar de color y regresar a lo que éramos, a bajar un tanto las persianas para que no haya tanta luz, A encontrar de nuevo la llave de la cerradura y colocar el cartel de cerrado por reformas. El teléfono de urgencias siempre a mano y la voluntad debajo de la almohada. Si fuimos capaces de pasar de ser tapados pero no escondidos a miradores que quizá ansiaban ser mirados, podremos volver a encontrar la manera de recuperar la mirada clara y la palabra cierta. Una cura que se refleja en unos ojos, aquellos, limpios, que miran la injusticia con humildad. La verdad, dice áquel que nació también un veintisiete de diciembre, nunca es triste, aunque no tiene remedio. Para quien, como yo, siempre juega a perder, volver a casa con los bolsillos vacíos de haber derrochado la riqueza que le regalaron, es como devolver a la paloma que nunca le perteneció al cielo que es su hogar. Y mientras ella, incierta, echa a volar, me doy la vuelta para negarle el derecho al regreso.
 
Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que ha tenido.
Pedro Salinas

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s