sal para amar


la playa no tenía arena. Sólo cantos rodados que sonaban al chocar arrastrados por las olas. Su sonido repicaba en el silencio de la cala, mientras ella avanzaba con cuidado hundiéndose más en las aguas. Sólo vestía un tanga y sus pechos comenzaban a flotar caprichosos antes de sumergirse. Él caminaba detrás y sentía una erección que comenzaba a abultar su bañador. Con un impulso se sumergió para nadar. Su deseo aumentaba con cada brazada y sentía con claridad que ella sentía ese mismo deseo.
Cuando la alcanzó, sólo quiso abrazarla, pegarse a ella mientras sus manos buscaban el pecho, mientras sus dedos alcanzaban sus pezones. Ella recostó hacia atrás su cabeza para sentir la primera oleada de placer. Se besaron. El primer beso fué intenso, largo, apasionado. Sus bocas se entreabrieron y dejaron asomar sus lenguas que se recorrían ganadas por la intensidad que estaban construyendo. Se abrazaron y sus manos comenzaron a buscarse. Cuello, labios, pezones, todo servía para alimentar el fuego que los invadía. Sus vientres ya se encontraron por encima de la tela. Ella sintió su duro deseo y sintió que ya no sería capaz de detenerse. A pocos metros, otra pareja jugaba inocente a nadar y disfrutar de las olas. Ellos sabían que cualquiera se daría cuenta de sus juegos. Sus movimentos de vaiven no serían extraños para ningún observador que disfrutara de una mañana soleada como aquello. Poco les importaba.
Él bajó su bañador hasta las rodillas. Su erección apuntó con tanta fueza que ella no pudo resistirse. Léntamente y con un largo beso en su cuello, las manos de él deslizaron el tanga hasta que no quedó ningún impedimento. Ella abarcó con sus piernas la cintura para mostrar que no podía esperar.
Léntamente se encontraron. Lentamente su pene penetró y buscó lo más profundo que ella podía darle. Ella gimió con un gemido que rebotó sobre las olas.
Y comenzaron a moverse, Todas las ganas se desataron, todo el placer era poco. Él sujetó sus caderas mientras movía su cintura sintiendo cada empujón en los ojos de ella, en los labios de ella. Ella mientras, se dejó caer y flotó con las manos extendidas sobre el mar, con su cabeza tendida mirando un cielo que se abría en sus adentros, sintiendo cada oleada de placer que la acercaba al orgasmo. No quiso resistirse, sabía que él la miraba y que deseaba ver llegar su intensidad.
No sabían si los demás miraban o se hacían los distraídos, pero ellos ya no disimulaban. El sol quemaba su piel y el deseo sus entrañas. La vida se había detenido en aquel encuentro y sentían que no podía desaprovecharlo.
Ella apretó los ojos, sus muslos se tensaron para la última bocanada irresistible. sus dientes apenas dejaron escapar un largo, muy largo gemido…… y se abrazó tan fuerte que él sintió ese placer tan suyo como el que acaba de sentir dentro de ella.
Permanecieron abrazados mientras las olas los acunaban. La otra pareja seguía nadando alrededor. Desde la playa, alguien miraba desde una terraza. ¡Qué les importaba!
salieron a tientas sobre las piedras, Felices de haber sido capaces de construir una historia de amor y pasión. Quizá repetirían, quizá volverían a ser dos locos que no se esconden. Seguramente sería más intenso.
pero nunca podría ser tan especial

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

1 comentario en “sal para amar”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s