el ojo del huracán


Tantas veces me pregunto sobre el silencio que podría escribir páginas enteras sin cansarme. Tanto he rebuscado en mis laberintos que podría dibujarlos de memoria una y otra vez sin, por ello, acercarme ni un milímetro a la salida. Soy, sin duda, un Universo interior, un agujero negro, la tormenta en la que se encierra el ojo del huracán, el iceberg que navega solitario con su gran mole de hielo hundida en la oscuridad y su pequeña atalaya flotante que se intuye con insignificancia. Soy viajero que busca las ideas más que las formas, caminante que vaga en pos de las fuerzas interiores que gobiernan, guían y traicionan a las personas. Distinto en el mejor de los casos. Egoista y egocéntrico si se me juzga con rapidez. Frío, calculador, distante, altanero… Mi piel es impermeable y separa bruscamente lo que ocurre en su interior de lo que permanece en su exterior. Si dentro hay dudas, fuera son certezas, si la sangre corre temerosa, las miradas serán desafiantes, si la mente juega con la derrota, mis puños gritarán apretados la victoria.

Y preguntas, siempre preguntas ¿qué? ¿cuándo? ¿en donde? ¿cuánto? y, sobre todo ¿por qué? y ¿por quienes? El ser humano es el centro y el origen de la verdad y el misterio, la razón y el destino. Todo existe porque existimos cada uno de nosotros y, al morir, ¿qué importa entonces lo que dejamos atrás?

Y la puerta es la mirada. El mundo que quiero está detrás de todos los ojos que miro. Ellos no pueden resistirse a la verdad, Igual que la ventana es cómplice del observador, así estamos vendidos por un parpadeo, una lágrima, la sorpresa, el contratiempo, un guiño, la alegría o el odio, expresado en una mirada. Los labios pueden negar y mentir, la boca puede tornar o camuflar intenciones, pero la mirada domina o delata. sostiene o huye y, sobre todo, habla sin velos a quien nos mira, y lo hace a traición, a espaldas de lo que queremos fingir.

El huracán separa su centro del lejano exterior. En ambos lugares, en el ojoy en la frontera, reina la tranquilidad, pero están condenados a no conocerse, los separan los vientos de la tempestad.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

3 comentarios en “el ojo del huracán”

  1. hay quien nos acostumbra a demasiadas certezas, a juicios demasiado rápidos, a sentencias sin conocimiento. Quizá eso seser más auténtico y más feliz. Me da igual. Cada quien tiene sus recetas. Bienaventurados los que están seguros de todo, porque de ellos serán los infiernos

  2. "Mi piel es impermeable y separa bruscamente lo que ocurre en su interior de lo que permanece en su exterior" Ser o no ser… he ahi el dilema…..Triste realidad que no sepamos, o que no queramos…. exteriorizar nuestro verdadero yo….que miedo!!!…verdad?…"El mundo que quiero esta detrás de todos los ojos que miro" el mundo que quiero es el mundo de la verdad, pero miento….Sin más…..

  3. ¿Qué puedo decir? ¿qué ésto puede ocurrirnos a todos o puede que no? ¿qué es malo o a lo mejor no? Pues sí, eso es lo que digo y también digo que nunca había leído de una manera tan clara y tan sentida LA TEMPESTAD INTERIOR. Me gustaría ser una eminente escritora para hacer valer mi gran opinión. Sin rimas ni frases grandilocuentes (ahora no se ocurren) quiero decirte que me ha encantado tu blog y el vídeo lo sella.

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