Conversación


En realidad era una comida normal. Una compañera de trabajo con su pareja, un chino y yo. El chino, debo aclara,r era el restaurante. Una conversación tranquila, con su rollito de primavera, su arroz tres delicias y su cerdo agridulce. Nada de particular para un pequeño intermedio entre trabajo y trabajo.
A mis espaldas., sin embargo, en la mesa de atrás, la conversación en voz alta llamaba mi atención. Debo reconocer que soy ese tipo que, en los lugares públicos, mantiene la atención repartida entre aquellos que me acompañan y la observacion del resto del local. La conversación que yo iba atendiendo mientras sonreía a lo que mis compañeras de mesa me hablaban, era sobre temas casuales, nada importante ni a resaltar, pero se hablaba de esto, de aquello, de lo que hice, de lo que hiciste, de lo que pasó y lo que sucederá. No era nada especial, pero servía, como tantas veces, para entretenimiento cuando el tema de conversación en mi mesa decaia.
Sólo puedo decir que mi comida duró cuarenta y cinco minutos y que, aunque la señora de la mesa trasera llegó al restaurante después que nosotros, pude escucharla casi desde el segundo plato hasta que nos levantamos para marcharnos.
Quizá por eso me sorprendió tanto descubrir, al dar la vuelta, que la señora comía sóla y que toda su conversación había sido a través de su teléfono

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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