Ponderación


Este texto no es mío. Ni siquiera iba destinado a mí. Lo dejó escrito hace un tiempo alguien a quien conocí una vez. No conozco a quien iba destinado, pero, quizá, apareció ante mí en un momento en el que el impacto de leerlo fué como una explosión.
 
No endeudes tus sueños ni tus sentimientos, por algo en lo que no crees, no dejes que un compromiso perecedero hipoteque la vida que has conseguido llevar a base de tesón y muchos sacrificios, no dejes que los árboles no te dejen ver el bosque de lo que una mañana, a solas contigo mismo, decidiste que era lo mejor para ti.
No finjas lo que no sientes para que nadie se sienta dañado en su autoestima, para que nadie vierta lágrimas que a lo mejor no mereces, no digas aquello que no quieres decir, porque no lo sientes, porque te da miedo sentirlo, porque no adivinas el futuro de tal eventualidad; no te endeudes con el amor si es algo en lo que no crees, ni te atrae, ni te llena.
Llevas encima de ti el peso de tus dudas y tus planes de futuro no existen porque te preocupa más el presente que todo lo que pueda venir detrás, llevas contigo todas las contradicciones posibles e imposibles, como una rémora que no te deja caminar en paz, llevas a cuestas mil decepciones, unos cuantos desencantos y más de una esperanza en el cubo de la basura, así que no te molestes en adivinar el futuro, él mismo se encargará de comunicarte sus planes.
Al fin y al cabo, cuando decidiste tomar las riendas de tu vida nadie te explicó nada, nadie te dijo que había que hacer cuando hubiera que hacer algo, nadie te propuso dejar los sentimientos a un lado y vivir sin más apoyo que tu propia soledad, por lo tanto nada debes a nadie y nada te deben a ti que se pueda cobrar con un te quiero mal dicho y menos sentido, nada que pueda borrar todo aquello que el tiempo te arrebató sin pedirte permiso.
El que se ha trazado un camino debe seguirlo, quién se ha elaborado un plan para sobrevivir está obligado a hacerlo, el que decide que nada importa si no es importante para uno, debe de cargar con la duda de la decisión; pero no te endeudes con un futuro que no ves, con un sentimiento que no sientes, no te ates a nada que no te llene, no sigas rastros que no te lleven a ningún lugar.
Tal vez ella derrame alguna lágrima, tal vez – a buen seguro – se producirá una herida, pero que es eso comparado con tus lágrimas, a quién le importan tus heridas más que a ti; tienes algún que otro sueño entre ceja y ceja, algún suspiro dejaste por el camino que te trajo hasta aquí, alguna cicatriz llevas marcada en la mirada que no te deja dormir, así que no estás en deuda con nadie.
Es verdad – y tú lo sabes – que también dejaste alguna lágrima perdida por ahí, que más de una herida sangró a tu paso, que alguna que otra decepción compartiste antaño, pero así es el juego que hay que jugar y las reglas son para todos, a todos nos atañen y todos sabemos el riesgo que implica enamorarse sin pedir permiso, todos sabemos que todo puede tener un final, aunque nadie quiera un final amargo.
Es posible que no estés seguro de que obras bien o mal, es posible que no estés seguro de que te estás volviendo a equivocar – todos lo hacemos tantas veces – es posible que la quieras sin llegar a quererla o sin llegar a saberlo, hasta es posible que te guste que ella te quiera a ti, pero no lastres tus planes por una idea equivocada, no ates tu futuro si no sabes si lo hay, no endeudes tus sueños por un sueño que no llegas a vislumbrar, porque ni siquiera pensaste en esa posibilidad.
Veo en el pozo de tu indecisión todas las preguntas que te hiciste alguna vez, todas las preguntas que te haces a diario, todas las respuestas que te faltan porque nadie te las da; se adivina en tus ojos el peso amargo del no saber a quién querer, ni cómo – es cierto que tienes lo más importante que se puede querer y lo tienes a tu lado – pero tú sabes, como yo sé, como todo el mundo sabe, que a todos nos sienta bien una caricia a nuestro lado, a todos nos viene bien un beso en las amarguras, a todos nos sienta de maravilla el regalo de una sonrisa sólo porque si.
Y te preguntarás quién soy yo para decirte tantas cosas – y tendrás razón en ello – pero me apetecía, que aunque todos sepamos que quién da consejos jamás los sigue, no está demás tener una opinión que no sea la nuestra; por eso me permito esa licencia, que supongo no te molestará – aunque últimamente suelo suponer mal – de todos modos, al final, es seguro que harás lo que tengas que hacer, o lo que creas que debes hacer, o lo que te apetezca y estimes oportuno para tu bienestar.
Ya puestos en licencias te diría que persigas el sueño que persigas, te endeudes – menos con los bancos, que esos no pasan ni una – con lo que te endeudes, si lo haces, hazlo con el placer que debe de proporcionar hacer las cosas porque uno las decide, hazlo con el convencimiento de que has hecho lo que has querido, porque has querido hacerlo, hazlo sabiendo que si te equivocas otros lo hicieron antes que tu.
Al final quedarás tú y todo lo que quieres y deseas tener, al final querrás a quien quieras querer – si es que algún día decides querer a alguien – al final de las tardes, a solas contigo mismo, saborearás el placer de la soledad escogida, el run run del silencio que quieres oír, las palabras, que sin nadie decírtelas, quieres guardar en tu vida; al final, el sueño que se instale en tu vida, será el sueño que tú decidas elegir y con el que dormirás el murmullo de tu abrazo.
En otra parte, ni muy lejos ni muy cerca, habrá alguien que te añore o no, alguien habrá que soñando contigo seguirá soñando, en algún lugar alguien dedicará una canción al sueño que no pudo tener, porque no había un sueño para ella y algún día, en algún lugar, tal vez si o tal vez no, oirás una melodía que alguien te dedicó sin tú saber que la música eras tú, sin tú saber que la letra no fue cosa de dos, porque tú decidiste no endeudar tus sueños.
Y cuando las palabras callen y hablen las lágrimas, cuando se acabe el discurso y ocupe su lugar el silencio postrero, cuando lata un corazón más deprisa porque algo dejó de latir, cuando todo eso suceda, si es que sucede alguna vez, recuerda que el tuyo también latió algún día y también dejó de latir, con la lujuria de lo imposible en la cabecera de una cama y el desengaño del sueño perdido, en la mirada que un día dejaste atrás.

 

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

5 comentarios en “Ponderación”

  1. Este texto,es algo farragoso….
    En sú repetitividad pierde la intensidad.
    No me parece sincero y no me llega.
    Quiero otro amor:carnal y loco,qué sangre cuando toque,que moje el cuerpo y el alma,quiero sufrir lo justo,y,a ser posible nada ¡¡
    besos blogeros.

  2. Confieso que jamás he pedido permiso para enamorarme y jamás lo pediré. Que si que tuve quien me dijo lo que había y debía de hacer.Que sufro la incapacidad de dejar los sentimientos a un lado. Que sería capaz de hipotecarme por escuchar un te quiero incluso mal dicho. Y que mientras estoy escuchando esta canción, oigo una voz; REMA, REMA y “Creo que he visto la luz a la otra parte del río.
    Sigo emocionada, gracias.

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