Cita con la muerte


La muerte es algo muy natural y al tiempo muy extraño. Dijo alguien una vez que lo duro no es saber que vamos a morir, eso lo sabemos todos desde que tomamos consciencia de que vivimos. Lo duro es saber que eso va a suceder pronto. Reconozco que he visto a personas mayores llegar a sus últimos momentos y no he sentido más que la rotundidad de la llegada de algo que ya era tan natural como inevitable de algo más bien lejano a mi mismo de algo que no alteraba mi propia vida más allá de la, ya para siempre, ausencia de la persona.

Pero cuando a alguien my cercano, alguien con quien convives o compartes muchas cosas alguien de quien conoces los más mínimos detalles de pronto le diagnostican una enfermedad incurable, todo tiembla como en un enorme terremoto y te da la vuelta de afuera a adentro en tan sólo un segundo. Dicen que el cancer es una trance que nos enfrente a la muerte, pero yo digo que hay otros diagnósticos mucho más duros. Cuando te descubren un tumor maligno, ganarás o perderás batallas pero el tratamiento está claro los pasos a seguir, concretados y el camino de la lucha tan perfectamente señalado que tu mente no tiene otra ocupación que la de ganar esta lucha claramente planteada. Pero hay síndromes en los que nada se hace porque nada se puede hacer. Siemplemente no se sabe por qué se desarrollan ni como pueden ser atajados. Enfermo y entorno se ven abocados simplemete a ver como la enfermedad va ganando terreno y el cuerpo del enfermo va degenerando y apagándose. No hay manera de luchar, no puedes hacer nada sólo vivir día a día y tratar de no hundirte en la desesperación. El cerebro no se desenchufa y la única pregunta que es posible hacer es ¿por qué me tenía que pasar a mí esto?

¿qué se puede hacer cuando una situación así te atropella? ¿cómo puedes consolar a un enfermo al que nada le va a consolar? ¿ayudarle? ¿hacerle saber que siempre podrá contar contigo? ¿insuflarle algo de energía cuando las suyas decaen? Por supuesto. Nadie podría discutir eso. Pero no estamos para frases hechas ni gestos vaciós. Tu mirada se enfrente a alguien que sabe que va a morir, y que sabe que lo sabes. Y que el camino hasta la muerte va a estar lleno de sufrimiento y dolor, también lo sabes y lo sabe. No puedes dejarte caer en la desesperación, no puedes pensar en lo inevitable y ni siquiera sabes si va a suceder dentro de poco o si pasará mucho tiempo. Pero no puedes tampoco prometerle que el fin no va a llegar, o que sus dolores se van a curar. Lo peor de un dolor insoportable es saber que mañana y pasado, y al otro, será igual o peor. No sabes si vale de algo apretar la mano con fuerza, no sabes si tú, en su lugar, no desearías que todo el mundo se fuera y te dejara sólo, no sabes si es más válido hablar del futuro o de que que debería dejar todo en orden para cuando su ausencia.

El ser humano está preparado para vivir y ver cómo mueren los demás. Incluso para morir cuando ya está inhabilitado para todo. Pero cuando te queda toda una vida por delante, resulta dolorosamente insoportable pensar que te vas a perder la juventud de tus hijos. la niñez de tus nietos y sabor a tranquilidad que llega al tiempo que las canas.

Yo sabía que la vida era injusta. Pero en estos tiempos, me cuesta reconciliarme con ella. Álgunas veces, dios, no tiene perdón de dios

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

3 comentarios en “Cita con la muerte”

  1. A veces nos olvidamos de que nunca hemos visto la cantidad de arena que queda en la parte superior de nuestro reloj. Y cuando a deshora, algo nos lo recuerda se trasforma en tragedia.
    Pero ese olvido es la propia defensa humana contra la desesperanza y las tragedias una inyección de autodisciplina directamente en vena.
    Quizá la mejor actuación es “no actuar” seguir como siempre y disfrutar de los pocos minutos que se pueda.

    1. Alguien dijo una vez que todos sabemos que nos hemos de morir. Lo que nos da pánico es saber cuando.

      Con el tiempo he podido observar a la persona y admirarme de su capacidad de lucha. Sabe lo que quiere tener y vive para vivir mucho tiempo. Si al final, el final llega, no le pillará inactivo.

      Gracias por estar ahí

  2. Dios es tan extraño como la muerte, se nos olvida mientras vivimos y lo buscamos cuando no hay remedios, pero lo cierto es que los milagros no existen y Dios pues… nadie mejor que tú para expresarlo “a veces no tiene perdón de Dios”.
    Recuerdo una situación como ésta en la que el enfermo sabedor de su injusto final -acabo de cumplir 44 años, repetía- sólo buscaba una mano que le cogiera la suya y si no había, buscaba una mirada o una sonrisa. También recuerdo que entre chistes y medios estribillos altisonantes compartió con “su gente” la última noche de su vida, como quien deja su sonrisa y eso es lo que dejó. Una lección de que la vida es un paréntesis , a veces corto, dónde lo mejor está en la pasión de ir DESCUBRIÉNDOLO cada día.
    (Ya sábes siempre desde mi opinión) Aquí te dejo algunos instantes importantes de mi paréntesis, mi opinión y mi saludo.

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