ganar tras haber ganado


Recupero mis sábados por la mañana.
Siempre fueron mi tiempo de recuperación mi lugar de encanto, mis desparpajo mi mirada más alegre. Levantarse, incluso madrugar, alegrarse por que el despertador no sonó y no tienes que fichar en el reloj de la oficina, preparar un desayuno calmo, con gusto, aportando todo lo que en ese momento apetece. Pongamos música…. pero dejemos para otro momento las baladas, los blues, el jazz, la música clásica. ¡vamos a tope! cuarenta principales, pop chispeante, ritmo, gritos, algo que te haga saltar por la casa, una canción que tengas que cantar a gritos, ¡Que te oigan los vecinos! ¡qué se te olvide todo!. Bailando preparas, café, exprimes naranjas, tostadas con aceite y sal……. Mientras vas mirando por la ventana como el alba aparece, como la noche deja paso a las sombras y estas se hacen cada vez más claras. Me encanta ver amanecer, incluso entre estos tejados que no me dejan ver el sol pero tras los que se intuye la libertad de un sábado por la mañana.  Con el primer sorbo de café y el olor del pan quemandose vas calmando el hambre de comer mientras que crece el de hacer cosas. Vas enumerando los planes, la calle te espera, sus bullicios, sus trajines, sus enajenaciones. Para los que vivimos la semana encerrados en un polígono industrial, el sábado tiene lo que el domingo no: mucha actividad, todo arriba y abajo, centenas de sensaciones que nos alimentan. El domingo es para los dormidos, el sábado para vivir.
Y la casa se hace poco a poco luminosa y requiere atenciones como amante desatendida, pero creo que seguirá desatendida un tanto más. Los planes abarcan otros espacios, hoy es sábado por la mañana y la vida está ahí afuera,
Explicar que estos momentos son propios, que no desean ser compartidos, que no estoy para nadie hasta la hora del café, sería como explicar que hay parte de mi vida que me resulta dificil compartir, contar que también me gusta pasear sólo, que me gusta detenerme en los escaparates, tomar una caña en una cafetería mirando, descubriendo cada gesto. Son mis pilas, las que me permiten luego ser yo, las que me hacen econtrarme y ofrecerme.
Y hoy todo es cuestión de levantar las vista y gritar las ganas
¡Vamos a ello!

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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