contradicción


Erase una vez un monje asceta cuya mayor felicidad era sufrir y al que nada le molestaba tanto como ser dichoso. Un día le cayó una teja en la cabeza. El asceta entonces se puso muy contento porque le dolió mucho. Pero entonces se entristeció porque estaba muy contento. Y entonces se puso muy alegre porque se había entristecido. Mas entonces le embargó la pena porque estaba alegre. Pero pronto se reconfortó porque tenía pena. Mas entonces comenzó a mortificarse porque se había reconfortado. Y entonces etcétera… etcétera… La última vez que se vio al monje asceta lloraba a carcajadas

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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