Piedras y charcos


Soy también de los que defiende sus formas porque son propias y tienen su razón de ser.
Pero el trascurso del tiempo, quizá,  o las experiencias, tal vez, me han hecho comprender el mérito de quienes se acercan, cargados de comprensión, y me soportan. Gracias a ellos, puedo aprender a ser menos presunto y más asequible.

Pero creo que no debe ser la edad si no más bien la capacidad de haber aceptado que se puede recibir sin que te extiendan un recibo o se cree una deuda. Abrir puertas a quienes han encontrado la llave es la última asignatura pendiente de un solitario, el primer paso en un camino en el que puedes reconocerte en alguien ajeno.  No es fácil aceptar que alguien te ha aprendido y que identifica tus acciones, tus gestos o tus sensaciones, por muy bien que has aprendido a esconderlas. No es sencillo reconocer que alguien te conoce.

Pero cuándo lo haces, te sientes más libre de todas las cargas que tú mismo, te has empeñado en arrastrar. Y sabes que, quién ha llegado hasta allí a pesar de todas las trabas que a tantos dejaron en el camino, que quién ha vencido por fin en el laberinto que, en realidad no tenía Minotauro, es, alguien que se ha de quedar en tu vida para siempre.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse