la jaula (nov-2005)


Aquí, desde la jaula, todo se ve distinto. El tiempo es inexorable en su fluir y se exhibe ante nosotros en un soporífero anacronismo, en una constante disciplina, una rutina demoledora. Mientras  afuera todo pasa a vertiginosas velocidades, aquí dentro la totalidad es escarceo de alguna acción y la concreción es sofocada por la angustia. Para nosotros casi nunca sale el sol. Todo es frío y gris como el acero templado, tenebroso como un corazón sin esperanzas. Nos rodea la incertidumbre y la condenada pregunta: ¿qué será de nosotros mañana?
Nuestros sueños se aplastan contra los barrotes de las ventanas y caen truncados. Luego se cubren de un brillo, reverberan como esas cosas que se consideran inalcanzables. Nos aterra estar encerrados aquí y confinados en nuestras miserias, pero nuestra pálida y abúlica consciencia no hace nada para liberarnos.
Esos barrotes, simples trabas que nos encierran, que encasillan hasta nuestras más cándidas fantasías, nos quitan lugar hasta el punto de la imposibilidad de desperezar nuestros sueños. Son límites que extienden la oscuridad de la jaula como en el atardecer cuando las sombras se estiran. Son el simbolismo de nuestra clausura, la encarnación áspera de lo limitada y frágil que es nuestra insulsa existencia.
El desdén por atravesar la muralla de hierro que nos separa de la vida es un tipo de consenso para quienes aquí estamos. Jamás decimos que vivimos aquí porque esto no es vida, pero tampoco muerte. Es un estadío inclaudicablemente intermedio, un limbo en vida que nos detiene en el fluir constante, un viaje que te consume poco a poco, que te obliga sólo a caminar y soportar el peregrinaje.
La soledad nos envuelve como el aire que respiramos. Da vueltas a nuestro alrededor con su paso firme y silencioso. Cómo un torero, se pavonea, hace gala de su dominio y se prepara para darte la estocada. Nadie la conoce tan bien como nosotros, los enjaulados. Su sorda presencia nos desanima, nos divide en mil instancias y nos vuelve a amalgamar. Y, entre estos juegos de rompecabezas, susurra con voz finita:- Estás solo, muy solo…-

En cada jaula se soporta la soledad de distintas maneras. Algunos buscan en el estoicismo de llevar el mentón en alto, tan en alto que  jamás miran a los semejantes a los ojos. Otros, cabizbajos por su parte. se sumergen en el profundo y borrascoso mar de la depresión. Pero siempre se llega a un punto en que la resistencia llega a su límite, cómo una viga que se rompe y deja que todo se desmorone. Por más heroica o patética que sea la lucha, la soledad mata y, aunque parezca extraño que en este lugar donde el tiempo nunca transcurre haya gente que muera, la guadaña no hace excepciones.
Yo no quiero morir entre estos barrotes.
Me he propuesto abandonar mi jaula, mi clausura. Quiero ser agente, dejar de ser paciente, escabullirme y escapar de esta antesala sin entrada y de final ominoso. Deseo burlar a la soledad y su susurro angustiante Que la luz me permita discernir los colores y me ayude a olvidar las umbrías que alguna vez me hicieron preso.
Sé plenamente que la empresa no será fácil, que el dolor no estará ausente, pero aún así la apuesta lo vale. Hay que jugarse todo a una última carta, cara o cruz, un peligro necesario para arriesgar la existencia. toda, por una oportunidad para emanciparse y zafar del inclemente destino que conduce a la jaula.
Yo solo no puedo. Te necesito. Con todos tus inevitables defectos, pero también con todas tus inapreciables virtudes. Juntos podremos, solo, no es posible. No quiero que el peso de las cadenas me venza, que así mi voluntad se languidezca poco a poco, mientras me hundo lenta e imperceptiblemente en la necedad espurea, de quien vive y ve pasar el tiempo.
Te repito: nos necesitamos el uno al otro, como la luz a la lluvia para conseguir el arco iris. Lleva su tiempo darse cuenta que la efervescencia de nuestras vidas tiene como el día, su ocaso. Pero es más largo el periodo que se necesita para percatarse de la trampa en la que se está. Cuánto más cómodo estés, más pausado será tu final.
Aspiro a algo mejor que esta sepultura camuflada, depósito de oscuridad y encierro; que atrapa, que encoge, que conculca, que escarnece el alma y es causa innegable de nuestras miserias. Sólo cuento contigo, porque te considero y creo que eres lo suficientemente importante para evitar que tu final llegue aquí, entre fantasmas propios, entre la impotencia de una existencia así.
Yo no quiero morir enjaulado.
Y para eso, te necesito

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

2 comentarios en “la jaula (nov-2005)”

  1. Estare ahi para que te aferres a mi, para que mi mano tendida te permita salir de la jaula que has creado. Mi mano es un lugar s´´olido al que aferrarse, y un cuerda que te sujetara cuando decidas dejarte ir en caida libre, pero cada una de esas caidas desolla la piel duele. No dejes que el gris del acero, que la semiluz que envuelve la jaula, te impida mirar el brillo de los ojos que hay detras de esa mano y perm´´itete jugar con ese cielo a crear arco iris, y perm´´itete revolcarte en la felicidad que se te ofrece, y permitete luchar por lo que quieres sin rendirte a la frialdad de es jaula.
    El como has de encontrarlo tu, pero creo que el unico secreto esta en el lema con el que firma un muy buen amigo.

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