Plañideras


Hay días en que uno siente que no está para tonterías, días en que la claridad con la que se puede vislumbrar qué es lo importante, hace que el resto de patrañas con las que vestimos nuestrsa vidas no dejen de parecer excusas y autoengaños. Tenemos ciertas edades en que ya va siendo tiempo de decidir que algunos problemas existen únicamente porque nosotros mismos deseamos que sigan ahí. Somos adultos, y  tenemos pleno dominio sobre nuestras decisiones. Si algo no nos gusta, lo cambiamos y si no lo cambiamos, debemos deducir que nos gusta así. Cuando te encuentras con personas que tienen que contar los euros para poder comer, que tienen que luchar cada día con situaciones de graves problemas físicos propios o de personas muy cercanas, cuando hablas con alguien que lucha por su vida, que siente miedo por el resultado de un diagnóstico médico, que teme perder su casa o a sus hijos, es cuando te das cuenta de que todos aquellos que se visten con el sayo de las lamentaciones diarioas están inmersos en mundos de autocompasión y de intensas ganas de sentir pena.

Nos regocijamos en dolores que no tienen ningún sentido; Que si nos quiere, que si no nos quiere, ¿qué haremos si nos quiere? ¿Qué haremos si no nos quiere? ¿por qué nos quiere? ¿por que ha dejado de querernos?. Y lo completamos con pancartas, con panfletos, con frases copiadas, con canciones que cantamos con la intensidad que hace parecer que se escribieron sólo para cada uno de nosotros. Y así cada mañanaa y así cada noche, la eterna margarita, me quiere, no me quiere, existe o no existe, lo encontraré o lo perderé para siempre.

Día tras días, semana tras semana, cansancio tras cansancio, quejido tras quejido, Algo que sería tan sencillo como decidir cómo es que quieres hacerlo, algo que no tiene más allá de tres minutos de decisión.

Y en momentos como hoy, tan cansinos y tan repetitivos. es cuando por sorpresa, una voz, la misma que, cuando la escuché por última vez resumía el pensamiento preocupado de un quirófano urgente, la misma que recordaba que volvía a un lugar dónde estuvo a punto de no volver a abrir los ojos, era esta tarde la misma que me regalaba la sopresa de una risa que resonaba con la alegría de que todo, al menos de momento, había quedado atrás

Y el convencimiento de que lo demás, al lado de esa risa, sabe a lamento de rancia plañidera

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

3 comentarios en “Plañideras”

  1. Atendiendo y escuchando a las plañideras se les da vida. Mejor separar el grano de la paja. Solo hace falta un minuto para saber lo que queremos, y valentia para llevarlo a la practica. Y si no lo hacemos, hay que tener la suficiente fuerza mental para que no nos afecte, y de eso se que no careces. No sabes como te entiendo, en el fondo, algo si nos parecemos. Un abrazo enorme.

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