Puertas abiertas


Ërase una vez un chaval que se creía dueño del mundo. Un master del universo que pronto se dió cuenta de que no se conocía ni a si mismo. Descubrió que le gustaba mirarse en los espejos, que éstos le devolvían imágenes y que, esas imágenes, se correspondian con partes  de si mismo que nunca había logrado ver.

Los miedos nos atenazan a veces. Sólo los inconscientes no tienen miedo. Pero tambien es cierto que somos dueños de nuestros recuerdos, que estamos obligados a entenderlos para hacerles perder el poder de dominarnos. No nos damos cuenta de que la vida interior no es la otra vida, es LA VIDA. El mundo de locos en el que vivimos es un fondo de pantalla, una base, un lienzo sobre el que nosotros dibujamos a nuestro gusto, un murmullo lejano que escuchamos pero que no nos gobierna. Lo que me importa de tí, no es tu horario de cada día, donde estás en cada segundo de tu tiempo, Me interesa como piensas, como sientes, que resorte te hace mover, que entiendes cuando lees mis palabras. Eso es lo que nos une y esa es la vida que me importa. Yo tengo un trabajo y unas ocupaciones diarias, cumplo con ellas, cumplo como mienbro de una sociedad física. Y cuando termina mi tiempo de ser para todo eso, me quito el mono de faena y soy yo, el que se sienta en una habitación alumbrada por una tenue vela y en silencio o con la música de Alejandro Filio, deja libre su mente para que piense en tí y en el momento en que estás leyendo esto.

No me gusta cerrar puertas. Las habitaciones cerradas con llave se convierten en mitos. Las puertas que nunca abrimos desdibujan y engrandecen lo que guardan dentro. Las quiero abiertas de par en par, para acostumbrarme al dolor si lo hay y que cada vez, por repetitivo, duela menos, para decirle cara a cara que no le tengo miedo. Y las quiero abiertas de par en par para no engrandecer las alegrías, para saber que nada fué mejor de lo que será lo que tenga que venir, hasta que punto exacto fuí feliz y no exagerarlo para no encontrarme nunca en el pensamiento de que la felicidad no volverá.

Caminaremos, nos encontraremos, mi puzzle sigue ajustando piezas, aunque no tiene aún una forma identificable

Tenemos muchos escalones por delante, los subiremos de manera pausada

Pero no nos detendremos.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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