fuera de lugar


En el despacho, tres personas: Ángela,la gerente de la empresa, carácter fuerte donde los haya, exigente y con un concepto de la libertad: la de los demás se somete a la suya; Fuensanta, una financiera que se ha convertido en la mano derecha de Ángela, la amistad ha ido creciendo entre relaciones profesionales y hoy son tan amigas como lo puede permitir el que una pague el sueldo de la otra. El tercero, yo, un observador metido a informático al que un ordenador averiado lleva a aquella habitación.. Existe confianza y desparpajo entre nosotros. El trato diario en el tiempo de trabajo nos hace ser confiados y abiertos, la falta de prejuicios también. Yo soy heterosexual, una de las mujeres también, la otra decidió que su sexualidad iría por caminos difíciles, lo sabemos y no nos importa. No influye en nuestras vidas, no diferencia el trato ni la relación, incluso aporta la diversión de intercambiar piropos y alabanzas hacia otra mujer objeto de deseo.
Jugamos con una pequeñas pelotas de goma. Ángela hace poses con ellas. Fuensanta,  la mira con atención. Es el despacho de ambas y yo participo de la conversación de manera descuidada. Ángela sigue jugando con la confianza que da el estar dirigiéndose a otra mujer y que yo esté a sus espaldas mirando atentamente una pantalla de ordenador. Probando poses, llega a situarse las bolitas en el pecho, por el interior del sueter, abultando a modo de pezón erecto. En ese instante yo intento llamar la atención de Fuensanta para que me indique algo referente a su equipo de trabajo, Los tres nos damos cuenta de que ella no quita la mirada del pecho de Ángela. El componente sexual que tiene la situación se hace relevante de improviso y Ángela desaparece con una excusa.

Fuensanta queda en silencio.

Yo, fuera de lugar.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse