Saxofón


En una noche de luna llena, un saxofonista tocaba en soledad para un conjunto de mesas que cenaban animadas en sus propias conversaciones. En una noche de celebraciones, un saxofonista tocaba en ausencia para un conjunto de mesas que olvidaron invitar a la luna llena y a las estrellas del firmamento.

El  músico arrinconado desgranaba, lentamente, viejos temas y llenaba el aire de suaves melodías que volaban en nubes de estrofas susurradamente repetidas, en sensibilidades y miradas tiernas que caían lentamente al suelo a espaldas de quienes sentían más presteza por las viandas que por resaltar el placer de detener el tiempo y crear un momento mágico.

En toda la noche, lleno el restaurante, no hubo un sólo aplauso, un reconocimiento. Caras distantes y ceremoniosas en una noche de celebraciones aparentes y besos fríos como las copas de cava que no se atrevieron a levantar en un brindis.

En dos rincones distintos, apartados de las miradas, dos parejas disfrutaban de la noche:

La última en llegar a la celebración, pareja madura, pero de mirada vibrante, y deseo a flor de piel,  que hacía notar al primer vistazo su pasión mútua y sus ganas de amarse. Parecían más dos amantes noveles descubriendo el amor en cada segundo, que viajeros de largos caminos y batallas sin cuartel con zapatos desgastados, más dos capitanes de nuevas singladuras que bajeles varados en viejas tempestades.

La primera en la cena era una pareja de hombres, maduro él pero sin arrugas, joven el otro pero sin devaneos. Elegantes de corbata y gemelos, modales exquisitos y decoro pareja a la discreción. Eran pareja y no lo ocultaban, pero eligieron un metro de distancia como medida de su equilibrio

Dos universos en paralelo haciendo real una velada en un mundo irreal convertido en un escaparate de convenciones.

Y en el curso de la noche,el saxofón.

Quizá fue por eso que sólo la pareja de hombres le hicieran una seña y se recrearan, sentados, mientras el músico susurraba una melodía que, una mirada de intenso cariño, dedicaba a una mirada un tanto ruborizada. Un sincero te quiero envuelto en un mensaje que sólo dos entendían pero que entibió el aire gélido de la habitación

Quizá fue por eso, que sólo la pareja madura, pidió una canción eterna para iniciar un baile a solas en un salón lleno de personas. Y, mientras se levantaban, el músico preguntó cuál era su preferencia. Pero ellos prefirieron que él escogiera, sin saber entonces que iba a elegir, la canción que siempre sería, desde ese día, la firma de ese amor tan viejo como nuevo.

Porque, en realidad, hacía mucho que se conjurado para encontrarse siempre en algún lugar sobre el arco iris

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s