Abrazos


Cuando la conoció, él, vagaba por las eternas luces de sus inviernos, apagados caminos de vuelta a casa, cuesta abajo, desde aquellos cielos que deslumbraron sus ojos enrojecidos de pura ceguera.

Cuando la encontró, él era el desterrado que mendigaba en una esquina una moneda de engaño, un chusco de compasión con el que lamerse las heridas de su propio sucidio.

Cuando la descubrió, él, era un ojo dentro de un huracán, el mástil de un barco a la deriva, el faro que alumbraba a los marinos y que no se mirabaa si mismo, un albatrós en el mar profundo con un billete de ida sin retorno.

Pero ella pasó las necesarias hojas de su calendario, llenó de piedrecitas blancas los caminos sin vuelta, limpió sus gafas de cercanías, le dió limosna de caricias, amasó pan de coraje, cosió con filigranas sus cicatrices, insuflo aliento en su boca reseca, batió las tormentas que los separaban, apagó el fanal y encendió sus candelas, voló con las gaviotas rumbo a la costa….

Y desde entonces, él, cada noche, se asoma a su ventana, toca levemente en el cristal, y, suave, quedo, como si no quisiera despertarla, pregunta descubriendo su miedo:

¿Aún sigues ahí, amor?

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

3 comentarios en “Abrazos”

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