Trecho


mientras ella seguía tumbada en la cama, arrebujada en los últimas caricias del sexo recien terminado, en los prostreros y suaves arrechuchos de un amor nuevamente sorprendido, él se levantaba lentamente  y dejaba la cama vacía.

Cuándo la intesidad ha sido tan profunda, cuando los espacios entre ellos habían desparecido durante horas, cuando la fusión de dos cuerpos habían unido también sus mentes, cabe pensar que buscar también el tiempo de los espacios propios, el lapso de los momentos para el propio disfrute solitario es un ejercicio de contradicción, un punto de sospecha.

Pero la búsqueda de espacios personales no está reñida con la confianza ni es una apuesta por la distancia. La comprensión de esos intervalos individuales, momentos en que uno y otro está solo consigo mismo convierte a dos en ese uno más uno que siempre quisieron ser. Distancia y cercanía, recorrido y contigüidad.

Existe un lugar que conoces, donde sabes que me encontrarás, pero al que aprendiste que no hay que acercarse. Ese sillón frente a una ventana, flujo de claridad, testigo de amaneceres donde se fija una mirada lejana, en la que los edificios cercanos desaparecen para pintar un lienzo de fantasías, proyectos e interrogaciones.  Desde ese altar, cueva, atalaya, mirador, cala, abismo, pradera… trono de un reino caprichoso e inexpugnable, te pienso, te reclamo te llamo, te describo…

Y tú , arropada en un una manta de ternura, envuelta en una piel que repasa con suave placer cada una de las caricias compartidas y se prepara para un nuevo día que regalará sus frutos a sus más diestros cosechadores , sientes que la vida te ha roto los esquemas, que esto que vives, no estaba de venta por las esquinas, que no se regala en los bares de copas ni sale de paseo al parque de las multitudes atareadas en sus propios egoismos.

YAgradeces que te haya dejado sola en esos minutos que preceden a la realidad, que aún guardan la magia de los restos de tu orgasmo, que regeneran la nueva mujer que recuperaste del baúl de tus personajes escondidos

Y la música, siempre la música, llenando el espacio, construyendo los puentes, trenzando las miradas, contemplando lo que siempre hemos sido.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

2 comentarios en “Trecho”

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