Esta generación


No sé si soy yo que me hago mayor, o son los demás que se hacen cada día más jóvenes, pero cada vez estoy más convencido de esta perteneciendo a una generación que está perdiendo el norte.
La vida nos ha dado muchas vueltas, hace tiempo nos cambió los caminos eternos y nos sacó a la cuneta para enseñarnos los pedregales de nuestras miserias.
Somos de pronto altos, guapos, personajes de nosotros mismos creídos de nuestra grandeza y, a la vez desnortados y pedigüeños que no sabe n ni quienes son ni a donde queremos ir. Hemos vivido vidas que de pronto han dejado de servirnos y hemos decidido inventar otras sin saber como podemos construirlas desde unos sólidos cimientos.
Quienes rondamos los alrededores de los cincuenta años vivimos gran parte de nuestra vida sin acercarnos a más tecnilogía que u a televisión en blanco y negro y un teléfono góndola en la mesilla del salón. Hoy nos abastecemos de un amplio repertorios de amuletos a través de los cuales no hacemos otra cosa que darle vuelta a la palabra comunicación. Y sin embargo lo único que hemos conseguido es constituir un patio de vecinos electrónico, una corrala a la que nos asomamos demasiado a menudo para contar cosas que a nadie le importan y que nos convierten en chismosos, cotillas, cansinos e intrascendentes.
Pocas ideas propias, copiasypegas sin significados, me gusta que se aplica a todo en tanto en cuanto deja de tener valor la apreciación para pasar a ser la reivindicación de un “yo también estuve aquí” y en la parte contraria, hacer públicas revelaciones tan íntimas que convierten una dura historia en un folletín novelesco propio de un salsa rosa electrónico.
Las antiguas agencias matrimoniales han dado paso a un sistema autogestionado de citas a ciegas elegidas en un todo a cien de usar y tirar en el que compramos a desconocidos sin saber ni siquiera a quién queremos en nuestras vidas, comparable a entrar en una tienda de ropa y elegir ropa sin saber cuál es nuestra talla, estilo o color preferido. Probaturas al tun-tun en probadores de cafeterías y bares de copas de los que salimos con prendas-personas que tiráremos al cesto de la ropa vieja en pocos días, sólo para volver a la misma compra y al mismo tun-tun.
Tardamos en conseguir dar pasos muy difíciles, en conseguir libertades largó tiempo entregadas, hemos hecho grandes esfuerzos para llegar a ser mayores, y sin embargo hemos decidido pasarnos a la facilidad de ser unos monigotes en un guiñol, unas velas levantadas sin saber elegir el viento que nos lleve, una bola rodando ladera abajo que ni siquiera disfrutó de la cumbre de la montaña.

¿Cómo vamos a llegar a donde ni siquiera sabemos ir?

Paremos, pensemos, maduremos, elijamos, decidamos, caminemos, alcancemos, transformemos, reinemos.

¿De verdad es tan difícil?

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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