Parejas LAT (Living aparte together)


Fuente: Terra mujer

Juntos pero no revueltos

Dos personas se enamoran, se hacen novios, se casan y se van a vivir juntos bajo el mismo techo. ¿Te suena el cuento? Pues ya no es así, bueno, al menos existen otras formas de cohabitación sin matrimonio. Así lo entendieron, anticipándose a los tiempos, Frida Kahlo y Rivera, cuando se construyeron sendas casas/estudios comunicadas por una pasarela iniciando un modelo de vida denominado LAT (Living Apart Together).
Los anglosajones, con su manía de etiquetarlo todo, le han puesto nombre y siglas a una modalidad de relación que viene cobrando fuerza en todo el mundo. El Living Apart Togheter (LAT), cuya traducción en español podría ser ‘juntos, pero no revueltos’, es una nueva forma de entender la pareja que consiste en que cada uno vive en su propia casa y sólo se encuentran cuando tienen ganas de hacerlo. Es decir, emocionalmente juntos, pero no físicamente revueltos o también ‘¿Hoy qué? ¿En tu casa o en la mía?’.No estamos hablando de encuentro causales entre personas o amigos que quieren pasar un rato juntos. Son parejas que se aman y mantienen uniones estables, incluso matrimonios. Comparten intereses, vacaciones y pasatiempos, y algunos hasta tienen hijos en común. ¿La diferencia? No viven juntos. Desafían la principal regla del universo de las relaciones amorosas, arraigada especialmente en nuestra sociedad, de que el amor requiere compartirlo todo, especialmente un mismo hogar.

El Living Apart Togheter se convierte así en la alternativa perfecta para los que quieren una pareja, pero no su cepillo de dientes en el cuarto de baño o su ropa en el armario. Una fórmula que personas creativas han buscado para no entorpecer sus propios procesos de independencia, autonomía y libertad. ‘Yo te quiero mucho, pero no quiero compartir eternamente mi baño contigo ni mucho menos que te adueñes de mi mando a distancia’. Un acuerdo que para muchos puede parecer extraño o incluso una señal de desconfianza o desafecto, pero que funciona y comienza a adquirir un progresivo protagonismo en todos los países occidentales, convirtiéndose en una nueva alternativa de vida en pareja. Una opción que une lo mejor de los dos mundos: la libertad y el amor.

Perfil: independientes y con experiencias de convivencia ‘non gratas’

Originariamente esta fórmula nació de aquellas parejas que por motivos de trabajo, fundamentalmente del marido, y por la renuncia de la mujer a seguirle por medio mundo frustrando su propia carrera profesional, mantenían hogares en diferentes ciudades y se veían cuando el tiempo de ambos lo permitía. Pero lo que en un principio era necesidad, ahora se ha convertido en elección.

‘Tuve pareja con la que compartí vida y casa durante tres años. Ahora vivo sola, en mi loft, muy a gusto con mi gata. Y tengo novio, pero ninguna intención de vivir con él’, afirma Martinna, secretaria de dirección de una mulinacional química. Éste es el perfil de las mujeres LAT: clase media/alta, independientes y con experiencias previas de convivencia ‘non gratas’.

También comienza a extenderse este fenómenos entre quienes ya cruzaron la barrera de los 50 años. Las que podríamos considerar más tradicionales y más refractarias a este tipo de relaciones, se niegan a casarse en segundas nupcias y acogen entusiastas la vida LAT. ‘Yo ya me casé una vez, con mi traje blanco, el brindis con champán, las flores… Después vinieron los niños, dos niñas, para ser exactos. Compartí mi espacio durante treinta años con el amor de mi vida. Pero un accidente cambió nuestra vida, su carácter se agrió y llegó a las manos. Me divorcié y decidí que nunca más pasaría por eso. Ya llevo unos cuantos años viviendo en mi casita, sola, tranquila, por eso cuando inicié una nueva relación, el acuerdo fue inmediato: cada uno en su mundo, sin mezclar las ollas ni la ropa interior. Y somos felices’, nos cuenta Maruja Rodríguez, un planchadora que ronda los 60 y que cambió la vida en la ciudad por la del pueblo cuando la prejubilaron. Lleva ya cinco años de relación comprometida con un amigo de la infancia y son una pareja LAT.

La sombra del divorcio

A Maruja sus hijas la llaman ‘la casada a tiempo parcial’. Cada fin de semana es una sorpresa. Unos se quedan en su casa, en plan familiar, con nietas incluidas; otros prepara su maletilla y se va a casa de su enamorado, un ingeniero industrial también jubilado de 61 años, o montan algún viaje relámpago, dependiendo cómo lo hayan programado. Le quiere, pero el divorcio la dejó marcada y el miedo a una nueva caída la impide dar el paso de la convivencia.

Y es que la sombra del divorcio o los fracasos sentimentales están presente en muchas relaciones LAT. Lo de ‘hasta que la muerte nos separe’ está claro que cada vez tiene menos sentido, así lo dicen las estadísticas (en la última publicada por el Instituto Nacional de Estadística en septiembre de 2010, indica que en 2009 se produjeron 106.166 disoluciones de matrimonios, cuya duración media de convivencia fue de 15,6 años). La gente entra y sale de relaciones con cada vez más frecuencia, por eso la idea de vivir cada uno en su casa va resultando más atractiva a un número mayor de parejas. Una forma de aliviar los problemas y las peleas que da la convivencia.

Con una edad madura, y alguna vivencia en la mochila, el hombre y la mujer son precavidos y pragmáticos. ¿Por qué caer dos veces en la misma piedra? Si la convivencia diaria y las cuestiones domésticas han matado las relaciones anteriores, ahora se opta por reducir la vida en común e intensificar las experiencias en estos cortos periodos de tiempo: algún día entre diario, los fines de semana, viajes cortos, vacaciones… una luna de miel eterna.

Mayores recursos económicos

Aunque las motivaciones de elegir esta opción sean muy variadas (por gusto, por necesidad, por indecisión…), lo que es claro y comprobable es que los LAT son uno de los grupos sociales en los que se concentran mayores niveles de recursos económicos. Y, lo que es más importante, este estilo de vida denota un cambio de aires en el bolsillo que ya no conoce de sexos. El nivel económico de la mujer, que tradicionalmente ha sido inferior al del hombre, se ha igualado o, al menos, acercado lo que hace más fácil entender esta peculiar manera de mantenerse establemente como pareja, con convivencia sexual pero sin convivencia doméstica.

Vivir de forma independiente supone el mantenimiento por duplicado no sólo de hipotecas, si no de todos aquellos bienes y servicios domésticos necesarios para el bienestar (electrodomésticos, muebles, luz, agua, etc.), gastos que al vivir en común se comparten. Martinna paga 750 euros de alquiler, gastos aparte. Aún así la sobra dinero para pequeños caprichos o viajecitos relámpagos de fin de semana. ‘Es verdad que ando un poco más ajustada y he tenido que hacer alguna variación en mi estilo de vida, como reducir mis gastos de closet. Pero me compensa. Todo para garantizar mi libertad, proteger mi espacio. En el fondo me siento una afortunada. Hago lo que a muchas mujeres le gustaría hacer y que no pueden por cuestiones económicas’.

Reglas de funcionamiento de una pareja LAT

* Tú en tu casa y yo en la mía.
* Acordamos los días que pasemos juntos, aquí o allí, entre diario o los fines de semana.
* Tú tienes un juego de llaves de mi apartamento y yo del tuyo.
* Puedes dejar algún artículo de primera necesidad (como el cepillo de dientes) en mi casa, yo hará lo propio en la tuya.
* Te dejo un par de cajones por si necesitas guardar algo, pero poca cosa.
* Los días que estemos juntos, puedes hacer uso de los espacios comunes sin problema, pero no cambies nada, las cosas las organizo yo.
* Los días que andemos con un humor de perros, nos sintamos mal, o nos sintamos bien, pero simplemente nos apetezca estar solos, queramos ver una peli tranquilos (en tu caso el fútbol), o nos hayamos traído trabajo a casa y queramos hacerlo sin interrupciones, ya sabes: tú en tu casa y yo en la mía, sin problemas.
* Las finanzas son independientes, cada uno se gestiona su dinero como quiera, así nunca discutiremos por dinero ni por quién aporta más en la casa.

Ni ronquidos, ni lucha constante por la tapa del WC

Es durante la convivencia cuando se producen roces o enfrentamientos que generan conflictos. Si tales situaciones no se resuelven satisfactoriamente para ambas partes, el rencor y el resentimiento que generan es lo que va deteriorando la relación hasta llegar a la ruptura. Si evitamos vivir juntos, ¿significa que nunca habrá ruptura?

‘Supongo que el LAT no es la panacea de las relaciones. Lo que pasa es que ahora estoy en una etapa de mi vida en la que necesito mi espacio. Mantuve otra relación y conviví con él, que era Noruego y se vino a vivir a Barcelona, no funcionó. Tengo un carácter fuerte y ahora no quiero arrastrar a mi actual pareja al infierno de mi propia convivencia. Le quiero demasiado para esto, y él ha aceptado esta opción. ¡Perfecto! Es un cielo’.

Ya lo afirmaba el escritor Alexis Carroll: ‘Es fácil morir por un hombre o una mujer, ¡lo difícil es convivir con la persona!’. Aunque previamente nos lo anunciaban los árabes con su proverbio: ‘Para que nuestros corazones permanezcan unidos debemos mantener nuestras tiendas separadas’.

‘Dormir sola, cuando así me apetece es un derecho humano. No tener que aguantar ronquidos ni acabar en un rinconcito de mi cama. Cocinar para mi por placer y no por obligación, olvidarme de ir recogiendo calzoncillos y calcetines por todos los lados o de planchar camisas imposibles. Ya pasé una vez por esto y no me apetece volver a estas alturas a ello. Así que esta vida me parece ideal‘, afirma Maruja.

Y es que el compartir sólo cuando se quiere, consigue evitar la erosión de la rutina diaria, chispa, que en muchos casos, hace saltar las infidelidades y lleva a la ruptura. ‘¿Por qué involucrarle en mis reuniones pseudo filosóficas con mis amigos si le aburren soberanamente? ¿Por qué tiene que aguantar mis manías o cabezonerías a todas horas el resto de su vida? Y viceversa, claro’, se pregunta Martinna. ‘Cuando necesitamos cariño y, por qué no decirlo, sexo sólo tenemos que llamarnos. Y después, cuando volvamos a sentir el gusanillo de la soledad, pues cada uno a su casa y listo’.

¿Egoísmo, miedo al compromiso?

Tanto Martinna como Maruja aman a sus parejas. ‘No por no renunciar a mi independencia, a mi intimidad y mi espacio vital, significa que le quiera menos que el resto de las parejas convencionales’, afirma Martinna. ‘En mi casa tengo mi vida y no necesito que nadie venga a ponerla patas a arriba adueñándose de mi sofá o del mando’, comenta Maruja. Para ella es vital lo del mando a distancia ya que desde que aparecieron estos instrumentos, su marido (ex) pasó a ejercer una ‘dictadura’ televisiva dentro del hogar, en la que el fútbol y los deportes en todas sus versiones se convirtieron en los reyes del hogar. Ahora es ella la que ‘tiene el poder’.

Algunos tachan de egoístas o de falta de compromiso a las parejas LAT. Otro muchos lo consideran un tránsito hacia una futura vida en común. ‘Puede ser’, dice Martinna. ‘Yo no renuncio a vivir en un futuro en pareja, pero ahora no. Necesito este periodo de libertad controlada, digan lo que digan o reciba las presiones que reciba. Porque mucha gente no entiende esta forma de compromiso y te intentan convencer de dar el paso a la convivencia con argumentos como el ahorro económico o la infidelidad’.

Pero esta clase de uniones de puertas para afuera, también corren el riesgo de fracasar. En el libro ‘Changing Relationships’, los sociólogos británicos Malcolm Brynin y John Ermisch sugieren -comparando estadísticas de Alemania y Gran Bretaña- que después de cuatro años de ser LAT, el 45 por ciento de las parejas disuelven su relación, mientras el 35 por ciento se van a vivir juntos y el 10 por ciento se casan. Es decir, la mitad sigue junta y la otra se separa.

A Martinna y Maruja no les preocupa nada estas estadísticas. Ellas sólo quieren disfrutar de este momento en el que lo tienen todo: lo mejor de vivir solo y lo mejor de vivir en pareja.

Ejemplos de LAT

El Times cita ejemplos de LAT famosos de ayer y de hoy. ¿Quieres conocer algunos?

* Woody Allen y Mia Farrow (actores): tenían casas diferentes a cada lado de Central Park, Nueva York.

* Margaret Drabble (novelista y crítica literaria inglesa) y Michael Holroyd (escritor y biógrafo): se casaron en 1982, cuando ella contaba con 43 años un matrimonio a sus espaldas y tres hijos. A partir de 2007 decidieron establecer hogares separados.

* Helena Bonham Carter (actriz) y Tim Burton (director, productor, escritor y diseñador): dos niños, dos casas, una al lado de la otra en Hampstead, Londres.

* En el pasado, el famoso compositor Frédéric Chopin tenía una especie de relación LAT con George Sand (pseudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant), que tuvo lugar entre 1837 y 1847. * También el famoso escritor Jean-Paul Sartre tuvo una relación similar durante muchos años con la escritora feminista Simone de Beauvoir.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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