Quid pro Quo- Do ut Des


Hace unos días, en mi diario repaso a lo que escriben otros, a sus ideas, sentimientos y pensamientos plasmados negro sobre blanco, hubo algo que llamó mi atención. El texto, resumía, como tantos otros, las bondades de las mujeres, pero tenía la particularidad de centrarse en las mujeres de mi generación, en las que ahora tienen, año más, año menos, mi misma edad. No era un texto engominado y dulzón como otros que se van extendiendo viralmente por la red. Estaba escrito con la calidad habitual en su autora y era concreto, conciso y bello.

Y lo leí con atención porque ese es un asunto que siempre me interesó. Durante los últimos catorce años de mi vida, he vivido muy cerca de las mujeres, las he mirado, escuchado, contemplado, observado, repasado estudiado y aventurado. Muchas mujeres de muchos orígenes y todas las circunstancias, con todos los pasados y presentes que yo no hubiera podido imaginar nunca. He aprendido mucho de todo lo que me mostraron, y he construído mucha vida junto a ellas. Mi vida no sería lo que es sin estas vivencias. Yo no sería lo que soy, sin haberlas aprendido.

Leía el texto con atención mientras asentía ante lo acertado de la descripción. ¿Y cómo no iba a serlo si quién así escribía, había vivido  lo escrito, Si quien relataba estaba rodeada de amigas de las que conocía todos sus secretos? Pero, estando tan de acuerdo con su pensamiento, el final del relato llega con una pregunta a la que no encuentra respuesta:

“…Pero hay algo que aun las sigue uniendo, nunca volvieron a tener una pareja estable, tal vez nunca demostraron que eran sensibles, que deseasen amar, nunca dijeron que estaban cansadas de luchar solas, que ya no querían esa libertad, que a pesar de los años seguía uniéndoles, a veces en sus cenas o charlas cotidianas siempre había una pregunta que quedaba en el aire: Somos jóvenes, independientes económicamente, medianamente inteligentes, con sentido del humor, nos gusta el sexo ¿y porque las simples esas tienen un novio y nosotras no? Siempre quedara esa pregunta.”

Y me di cuenta de que yo sí tenía respuesta. Una respuesta fácil, evidente. Una contestación que yo había puesto de manifiesto muchas veces en todos estos años, pero que en pocas ocasiones había sido aceptada. A todos nos cuesta, y me incluyo, reconcernos en la descripción ajena, sobre todo cuando no nos favorece. Todos encontramos la justificación adecuada, sin darnos cuenta de que aún queriendo tener razón, la realidad de lo que tenemos nos la quita.

¿y por qué esas mujeres jóvenes, independientes económicamente, medianamente inteligentes, con sentido del humor, nos gusta el sexo, no tienen un novio ¿y porque las simples esas tienen un novio?.

Quizá simplemente porque existe hombres de todos los niveles. Hombres tan simples como algunas mujeres y hombres con una calidad tan extraordinaria como otras tantas. Y existe una diferencia entre unos y otros. Mientras los primeros son fáciles de conquistar, de cazar, de acoplar, de convencer, Mientras los primeros te buscan y se prestan a dominar a ofrecer a ser machos cabríos y dominantes, a tomar decisiones por todo y por todos y a hacer de la mujer una princesa en un templete o en una urna….. Existen otros hombres que buscan mujeres tan participativas, tan fuertes, tan hambrientas, tan coquetas, tan cariñosas, tan inteligentes, tan imaginativas, tan arriesgadas, tan altivas, tan humildes, tan posesivas, tan liberales, tan sexuales, tan experimentadoras,  tan decisoras, tan consultivas, tan abiertas, tan reflexionantes, tan abiertas y tan cerradas como lo son ellos.

Y estos hombres esperan también lo que ellos dan, ser queridos, conquistado, reclamados y buscados. Lo mismo que ellos quieren hacer y en el mismo nivel.

Además de tantas ocasiones en que uno lee “busco un hombre que me haga reir”, uno no deja de sorprenderse cuando escucha de una mujer que “está harta de tener que llevar las riendas y que sólo quiere un hombre que tome decisiones”.

Odio la frase manida del “no hay que buscar. lo que se ha de tener, llega sólo”. No es cierto. En absoluto. Nada llega a nosotros, Todo pasa por delante, es cierto. Pero pasan más cosas si te mueves buscándolas. Y, sobre todo, si las exploras, encontrarás aquellas que tú deseas. Y cuando pasan por delante, no se detendrán si no llamas su atención, si no te muestras atractiva y luchadora. Si esperas que se queden sólo por apoyar tu sonrisa en el quicio de la puerta, sólo tendrás unos segundos para convencer. Los mismos que tienen para que ella sea convencida.

Quid pro quo. – Una cosa por otra-  o en todo caso Do ut des -Doy para que me des- Así de simple es la respuesta a la pregunta que leí. Así de cerca la tiene quien la escribió.

Cuando preguntó no quise explicarle. Tampoco quise decirle, que para entonces, ya tenía claro que escribiría este post

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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