Escritores


Fue hace muchos años. Un día cualquiera escribí un texto. No recuerdo que edad tenía, pero seguro que rondaba los cuarenta. Nunca antes lo había hecho, nunca me había decidido a expresar todo lo que daba vueltas en mi mente, mis ideas, pensamientos, sueños, sentimientos.
A decir verdad, alguna vez, en medio de un dolor intenso, de un disgusto, de una discusión acabada con malas maneras, había tomado un papel y un bolígrafo y había garabateado con rapidez, con furia, con violencia, todo lo que no pude decir con palabras o todo lo que conseguí callar para no continuar, para no herir o dañar, para no hacer más grande el abismo. Luego, el papel terminaba indefectiblemente en un cajón, en una hoja suelta de una libreta,que luego quedaba sepultada por otras miles de cosas que no tenían ninguna relación y que las condenaban al olvido, salvo cuando la casualidad volvía a hacerme tropezar con el texto. Nunca se corrigieron, nunca se pasaron a limpio, nunca se agruparon ni conservaron. Todos de perdieron en los papeles y en los recuerdos. Y creo que afortunadamente.

Pero hace muchos años, quizá más de diez, la comunicación se volvió importante en mi vida. Igual que el magma de un volcán aparece a borbotones en el cráter empujado por la presión y el calor del interior de la corteza, así mis ideas brotaban revueltas, ardientes, confusas, a trozos y mal hilvanadas. Primero fueron foros de amigos quienes recibían los escritos, y ellos mismos los comentaban o criticaban. Algunos de ellos también escribían, entonces era yo quien hacia anotaciones o referencias. Era una forma de comunicación que no necesitaba de coincidencia en el tiempo ni intercambio inmediato. No era un chat y eso permitía mayor reflexión mayor extensión y mucha más intensidad. Me gustó y me ayudó. Así que continúe de este modo.
Descubrí lo que entonces llamaron bitácoras. Creo que se apropiaron del modelo de diario que los capitanes de navíos usaban para relacionar los eventos de la travesía. Y así fue como me encontré que había más persona que hacían lo mismo que yo.
Siempre definí el fenómeno como una forma de exhibicionismo. Todos los que lo hacemos, decidimos hacer publica una parte de nosotros. Y cada quien eligió una diferente para exhibirse. Hay quién lo utiliza como terapia, hay quién sólo quiere tener notoriedad, quién lo hace porque cree que es un buen escritor y que la humanidad no puede perderse sus obras de arte, y hay quién sólo necesita que lo quieran. ¿Qué más da la razón?
Las bitácoras pasaron a blogs y se crearon plataformas para darles mejores formatos y hacerlos más atractivos. Fotografías, textos, vídeos. sonidos, ya todo podía estar incluido. Lo de escribir de popularizó, se democratizó, todos escribimos y llenamos páginas y páginas con historias pensamientos y sentimientos. Nos comunicamos.
Por supuesto que la calidad escasea y son los más los que no dejan de ser letanías y odas a las que acompañan una comparsa de adulaciones gratuitas. Aportan poco y suelen ser repetitivas. Pero también hay joyas escondidas en rincones en los que se encuentran grandes pensadores y poseedores de un estilo personal de aquél que sabe qué es lo que quiere contar y con que palabras lo ha de hacer. Álbumes de historias imprescindibles que alimentan a otros que, como yo, los descubrimos por casualidad y de los que quedamos inmediatamente enganchados. Vayan estos por todos los prescindibles que los rodean y emboscan.
Sea pues este brindis por esta comunidad de información e intercambio, por esta pléyade de junta letras que vagabundean por las redes y se publicitan. Levanto mi copa y brindo por ellos, por vosotros,por vuestras ideas, vuestras palabras y las gana de compartirlas.
Y si una nota discordante dejo, vaya por abogar por la disminuciones del pasteleo, del aplauso fácil y el comentario simplón de ¡cuanto me gusta! Cambiémoslo por la crítica, el contraste de opiniones, el añadido de ideas propia complementarias u opuestas que amplíen y perfeccionen la propuesta inicial.
La crítica y la dialéctica fueron las que hicieron crecer a la humanidad.
Y también nos harán crecer a nosotros.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

2 comentarios en “Escritores”

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