No


y, como si un devorar se tratara, ella marcaba su cuello beso a beso hundiendo sus dientes en cada palmo de su piel, marcando con puntos de sangre el terreno conquistado, creando fronteras enrojecidas dentro de las que sólo ella reinaría.
Dolor se llamaba su ejército de afilados colmillos, y con él conquistaba la piel de sus vasallos, creando deseos, fundando hambrunas, levantando castelares donde establecerse como soberana y gobernar la voluntad entregada de su plebeyo.
Ninguno se había resistido nunca a ser devorado.
Por eso le soprendió cuando él, con un brusco tirón de su pelo, la apartó del último mordisco sobre su cuello y mirándola a los ojos le dijo:
-¡NO!-

20140513-011425.jpg

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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