La (falta de) valentía


recuerdo vagamente el argumento de una mala películas que un día paseó por mi televisor. En ella una joven pareja paseaba por la noche cuando se les acercó un atracador que intentó robarles. Él se negó a entregar el anillo de pedida que había comprado para esa velada y, en el forcejeo, la pistola se dispara y ella resulta alcanzada y muere en sus brazos. Sintiéndose culpable, profundiza en sus experimentos y desarrolla una máquina para viajar en el tiempo. Cuando lo consigue, no tiene más obsesión que volver a aquel momento del intento de robo y cambiar el destino para evitar el desenlace producido. Así vuelve a aquella tarde y a la cita con la chica y, cuando ella le propone el paseo por el parque, él grita apresuradamente que no. Y la invita a cenar en un restaurante para pedirle que se case con él. Es entonces cuando, al cruzar la calle, un coche se les echa encima y ella muere, de nuevo, atropellada.

Recordaba la escena mientras miraba a una pareja caminar de la mano a las horas en que se cierra la noche. No son de mucho salir y si de mucho lamentar el hastío de su vida de casados, de listas de oprobios y opresiones que el otro les aporta y de envidias de vidas ajenas cuyos méritos sólo son entendibles bajo el injusto reparto de la suerte o el desprecio de aquello que la inquina les impide valorar. Aquella noche estaba pensada para ellos. Era un regalo, una ayuda, una chispa que encendiera sus motores, la puesta en escena que los llevará a recuperar ternura y deseo, cercanía y cortejo.

Y sólo encontré cortapisas y reproches. Ella reprimiendo la comicidad y desparpajo de él, él despreciando en comparaciones despectivas que siempre la dejaban en segundo termino. Ninguno de los dos hambriento del otro , ninguno de los dos admirado del otro, ninguno de los dos enamorado. Sé intentó cambiar el argumento pero llegamos al mismo final.

Tantas veces he querido equivocarme, tantas veces me dicen que debe haber una nueva oportunidad, tantas veces me contradicen las sumas y los sumandos….

Y todo tan simple como un acto de valentía.

Una valentía que sirve cada día para empezar de nuevo.

Aunque sea en otro tiempo o en otro lugar

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Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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