Contradicción


Vivimos cada día enzarzados con nuestras contradicciones. No somos almas puras con ideas impecables y éticas tan consistentes que nos permitan tomar las decisiones con certidumbre irrefutable y confianza infinita. Porque nuestras apetencias discuten intensamente con nuestros intereses, porque nuestro bienestar combate con nuestras atracciones en una interminable guerra de trincheras. A menudo nos representamos debatiendo entre ángeles y demonios, reyes de nuestros cielos y nuestros infiernos y nos sirven, los primeros para mantener la convicción de que somos la parte buena del conflicto, y los segundos, para debatirse entre las más bajas pasiones o los más intensos sentimientos de daño y dolor. Nos debatimos entre alternativas y fabricamos listas de pros y contras para poder elegir. Consultamos oráculos y amistades, buscamos en lo más profundo de nuestras fuerzas y oramos a las divinidades ambiguas para intentar salir de cada atolladero eligiendo uno de los senderos.

Y sólo para descubrirnos de regreso a la encrucijada de nuestro trastorno.

Porque si elegimos lo razonable, aquello que nos permitirá liberarnos de agudos dolores y pesadas cadenas y nos hará reconstruir desde las cenizas y atisbar nuevos horizontes, entonces echaremos de menos aquello que nos daña pero que nos llena la vida de intensidad. Y buscaremos saciar nuestro síndrome de abstinencia con esa droga que nos mata pero a la vez nos da la vida, que nos devora por dentro y nos da lustre por fuera.

Pero si elegimos lo que nos duele, lo que nos revuelca cada vez en el fango, lo que nos inocula el veneno que nos paraliza, nos demacra y nos despedaza en mil trozos doloridos, entonces soñamos con una vida plácida llena de paz, luz, tranquilidad y futuro. Y creemos que encontrando el antídoto, las tenazas que rompan estas cadenas, podremos ser tan libres, tan luminosos, que reencontraremos de nuevo la senda que nunca debimos abandonar para entrar en este túnel.

Y, quizá, a veces, la verdadera solución esté, como en tantas ocasiones, en un punto intermedio. En la fusión, en la alternancia de ambas situaciones. ¿dolor y placer? ¿libertad y cadenas?

Quizá, sea imprescindible aceptarnos en nuestra pura esencia.

Y aceptando nuestra contradicción. llegar a disfrutar de ella

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

5 comentarios en “Contradicción”

  1. ..la felicidad no es un estado estable…sino un proceso dinamico.. y sus ratos maravillosos dependen de muchas caracteristicas las que en mayoria de casos no dependen de ti…Es decir
    …no tengas miedo…a vivir. Solamente saber vivir sin miedo de equivocarte…y saber empazar de cero una y otra vez…solamente eso te da mas momentos de felicidad…

  2. Y por qué no podremos encontrar una droga “buena”? Por qué divertirnos tiene que ser tantas veces sinónimo de dañarnos?
    Yo, por supuesto, no tengo ni puta idea…

    (“gracias por participar”, me contesta el Cosmos)

    1. Porque, quizá, el ser humano necesita crisis para superarse, porque, quizá, sólo mejoramos cuando conseguimos la síntesis en un conflicto, porque la felicidad nos acomoda hasta consumirse, porque los sentidos sólo reaccionan ante las variaciones y dejamos de oler, ver o sentir lo que siempre es lgual.
      Quizá sea eso, o quizá el universo nos descubra una nueva verdad

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