complementarios


Me conoció como uno más dentro de un lento pero largo camino inconcreto. Un destino aún por definir, salpicado de unas cuantas sospechas sin concretar y jaspeado a partes iguales por un pasado encadenado a la felicidad y un futuro navegando con las velas desplegadas a favor de tempestades por descubrir.

No fue sencillo definirla desde el comienzo, por tanto la inconcreción se hizo dama de honor en nuestrosc encuentros. Lentos movimientos de alfiles, peones y caballos concedían vagos planteamientos que, a menudo resultaban equívocos y dispersos. Yo no percibía su interés y ella no acababa de despertar el mí y, mientras, jugábamos partidas paralelas que intentaban ser alternativas tan válidas como la nuestra.

La sinceridad y confianza, sin embargo, encontró pronto acomodo entre nuestros brazos. Había un indefinido deseo de hacer partícipe al otro de nuestras intensidades, de nuestras dudas y de nuestros deseos. No hubo cortapisas en contar pasados y descubrimientos, aventuras y locuras que llenaban lo que ella llamaba “mi año loco” y él definía como un pasado lejano y abandonado. No habían sido cobardes y habían afrontado, en cada momento  la copa de novedad que se les ofertaba para apurarla de un trago y hasta la última gota al grito silencioso de -si tú caminas, yo no me detendré- Y esto les había llevado a sensaciones difíciles de explicar y encontronazos duros que, sin embargo, se explicaban fácil entre ellos. Quizá fuera debido a la ausencia de enjuiciamientos, a ese escuchar atento y comprensivo que se tenían, a esa complicidad que estaban construyendo. O quizá se debiera a que, en pos de su hambre de conocer, habían encontrado maestros en artes tan buscadas como inexploradas.

Él encontró el camino franco en los secretos de los juegos oscuros del sexo. Una posiblidad real de conocer un mundo tan desconocido como lleno de tópicos, relatos de primera mano que se alejaran de las 50 sombras de grey que corrían habitualmente por los papeles y las pantallas de hombres que no son más que pavos reales y mujeres que en realidad sueñan con ser muñecas de porcelana.

A cambio, lo único que podía ofrecerle era su mente. Un regalo abierto para empezar cualquier deseo y una imaginación y capacidad para intentar hacerla diferente. Era como ofrecerle unas piezas de lego con las que construir cualquier castillo que deseara, Era un buen regalo y sabía que ella era una de esas personas que sabría utilizarlo.

El paso de la indecisión a la decisión fue rápido. Tanto en la petición formal de encuentro como en el desarrollo. Era como cuando se te abre el apetito que no tenías al tomar el aperitivo, como comprar un perfume con tan sólo percibir un ligero aroma en una varilla de prueba.

Y a partir de ahí todo fueron intensidades.

Hasta que dejaron de serlo.

Y quedó la nada.

Fue como subir una montaña para caer por el escarpado precipicio que había al llegar a la cima.

Fue como encender un fuego con pedernales, hierbas secas y palillos, para apagarlo con un golpe de agua

Fue como construir un Titanic y estrellarlo contra el iceberg.

Y así están ahora, ella a la espera de una explicación que encienda luces en un final oscuro, y él pasando a consideración si son necesarias explicaciones para un barco que ya ha zarpado y y no retornará a puerto. Ella enfrascada en sus nuevos proyectos y con los telones de acero corridos de pared a pared y él sentado en los bancos del parque, esperando con paciencia un nuevo rayo de luz que se escape desde aquella ventana.

Y lo cierto es que no viven mal. Sus vidas organizadas siguen los carriles de las vias normales, La lucha del día a día está controlada y marcha a velocidad de crucero en las direcciones ordinarias.

Las vidas oscuras y subterráneas, los destinos camuflados, las delicatessen prohibidas…  esas son las que todavía se escapan

Pero, además son complementarios en algo.

Quizá ella añore volver a lo que tuvo, completar su vida de aventura con la estabilidad que lo ofreció el que se fue.

Y, quizá, él, añore dos puntos más de locura en esa vida estable y feliz que, desde hace tiempo, disfruta.

 

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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