llegar tarde


Caminas hacia la noche con el paso seguro que quien ha andado muchos caminos. Mirada siempre presente en los detalles y gesto atento a las sorpresas. Porque la oportunidad es un leve centelleo en una pupila y las certezas no existen más allá del porcentaje de probabilidades. Nada es seguro y ningún cálculo es exacto si te sumerges en sus decimales , no hay direcciones obligatorias ni hay senderos que no puedan ser abandonados por otros nuevos que nacen de un rápido vistazo por el rabillo del ojo. Atento, en fín, a lo que discurre a tu alrededor.

Y, paseando, encuentras en las after-hours todos los extremos por los que tu pasado transitó. Las cenas de parejas en las que cada banda de la mesa está ocupada por cada sexo, en un juego swinger de trasfondo misógino y andrógino, como si cada dos necesitarán un tiempo con una distancia para sentir la ilusión del evento. Los sentimientos de vergüenza escondidos en la ausencia de besos públicos, en las discreciones, en el disimulo de una relación en la que no se cree pero se acomoda como si la atracción fuera un cuño grabado en tinta indeleble o como si ya tuviéramos el carnet de enamorados y poco importara nuestra incompetencia en disfrutarlo. Las soledades, las esperanzas, las invitaciones y las selecciones, reunidas en torno a alcohol, cartones de bingo, faldas cortas, escotes largos, aburridos abordajes y gansos, disfrazados de pavos reales, ofreciendo polvos mágicos a cenicientas de que suspiran porque las doce campanadas les regalen una pareja estable y controlada.

Y caminas por tu propio camino de vuelta asumiendo que por esas carreteras también circulaste, que cenaste esas carencias y bailaste esas soledades, que abrazaste esos encuentros y revolviste en los arcones intercambiando ropajes y vidas, creando eternidades que nunca aguantaron el primer amanecer. Es lo que te hace ser condescendiente, incluso benevolente. Les deseas la misma capacidad para encontrarse que tú pudiste disfrutar. Los animas a encontrarse a si mismos, a horadar con pozos, sus propios interiores, Te preguntas si son capaces o si tan siquiera son conscientes. Anoche tuviste delante a dos de ellos. Dos personas que personalizaban a una parte de una generación perdida en una trampa tendida por la vida. Hombre y mujer en los que no pudiste encontrar el rastro de pasión, la huella de la devoción, proyectos comunes, sed de crecimientos ni hambres de futuro. Tocabas con los nudillos y sonaba a hueco, a haber pillado el penúltimo tren, por si el último nunca llegaba, a refugiarse en el campo tres por si no hay fuerzas en llegar a la cumbre.

Quizá también los entiendes a ellos, porque en ocasiones no hace falta ser valiente si no tan solo nadador que sabe guardar la ropa. A todos nos costó mucho salir de la cueva, y nos hemos encontrado con que lo que afuera nos espera es una jungla donde transitar requiere un esfuerzo contínuo

Pero, aunque los entiendas, te sigues sintiendo diferente. No es tu camino el conformarte, no es un lugar el aparcarte, no es tu tiempo el que se marca con un reloj al que no se le da cuerda. Dicen que el tiempo lo arregla todo, si es así, los encontrarás en sus futuros que ya son tus presentes. en sus destinos que ahora son tus puntos de partida. Tú ya tienes los billetes, hechas las maletas y actualizado el itinerario. Los vuelos no se cancelan pero nunca esperan a los viajeros rezagados. Hay que ser puntual

Todos los días hay amaneceres y puestas de sol, pero si llegaste tarde, la de ayer ya no la podrás disfrutar

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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