las historias de una multitud


Vivimos en una tierra fértil en espectáculos de masas. Fiestas de gente anónima que se reúne al calor de cualquier evento gratuíto. Es la distracción del pobre, del rico, del clase media, una forma de sumergirse en la masa para disfrutar, en medio de incomodidades, de fugaces momentos en los que el resto de la vida deja de importar y la atención se concentra en los siguientes minutos para volar lejos de ellos mismos y acercarse, no demasiado, a sus sueños de escapismo y disolución.

Y en las agrupaciones todos se sienten anónimos. Y se relajan, y no son conscientes de que, mientras miran, también pueden ser mirados.

Y cuando lo haces, empiezas, quizá, con una mirada de conjunto, algo general que te atraiga en un primer vistazo o sólo te deje indiferente, algo que te invite a seguir contemplando o a continuar camino hacia el siguiente personaje. Empiezas viendo algo que te llama la atención. Un gesto, una mirada, los labios, el pecho, un culo o unas piernas. Te gusta y te recreas en el físico pero siempre terminas centrándote en la actitud. Personas atentas, distraías, pensativas, curiosas o, incluso, tan observadoras como uno mismo. Miras a través de ellas y tratas de entrar en su pensamiento. ¿qué hacen aquí? ¿para qué han venido? ¿a quien esperan? o ¿con quién están acompañadas?. Y, poco a poco, vas componiendo una historia, un argumento, un guión al que incorporas los datos que obtienes, hilvanando hilos, dando puntadas a un bordado que se enreda en si mísmo, que mezcla sabores y olores a medida que el extraño continúa centrando tu atención ajeno, inmerso en su propia historia, a la que tú, e stás tejiendo a unos metros de él.

Y quizá no aciertes en ningún punto de los que cavilas, pero el juego es divertido. Tanto más cuando intentas adivinar cómo y cuál será el siguiente paso. Y en el juego sigues las miradas de los otros y descubres sus propios juegos. En la multitud un hombre junto a su mujer sigue disimuladamente el culo de la joven que pasa a su lado. Quizá otra mujer mira a un chico que le saca diez centímetros de altura a su marido y suspira imaginando que no es lo único que tiene más largo. También está la pareja en la que él abraza la espalda a ella mientras su mano baja lentamente y se introduce por dentro de la cintura de la falda amasando el culo de ella convencido de que nadie lo percibe entre el anonimato del gentío. Vidas humanas entremezcladas en un momento y un espacio que afloran sus notas.

Mañana viajo y mi destino será la culminación de las multitudes. Sumemos el que al aterrizar, la mayoría, dejamos el pudor en el asiento del avión y lo recogeremos en el vuelo de vuelta. Quiero recoger todas la historias que sepa ver, quiero unirlas en mi imaginación y crear relatos que llenen mis noches de fantasía, emociones, ideas y sensaciones.

Imagen y letras necesitan de vez en cuando una carga de adrenalina para tejer las historias que deseamos contar.

 

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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