las armas rendidas a tus pies


No me gusta desear determinadas cosas. Puede que en frío y de lejos parezcan apasionantes, pero de cerca, estoy seguro, duelen y mucho.

No me gusta correr en moto, ni saltar en paracaídas desde un avión, ni dejarme caer desde un puente atado a unas sogas, ni escalar colgado de cuerdas y piquetas las cumbres más escarpadas del planeta o sumergirme en las profundidades de fosas marinas en donde la luz olvidó llegar

Pero dentro de mis laberintos corren esas lenguas de fuego y roca que arrasan emociones y sentimientos, y llueven esos granizos que destrozan calmas y hábitos, y soplan esos vientos como huracanes que derriban pretensiones y grandilocuencias.

Vivo acompañado de un eterno precipicio que toma forma y me rodea en cualquier espacio y en todo tiempo. Vivo a un segundo de la locura de tender un puente y darte acceso a las altas torres de mi ciudadela, Vivo camuflado entre las rocas, centinela de un vergel de aguas torrenteras y bosques frondosos cuyas copas cubren de miradas y acechos las verdes y plácidas praderas dónde acamparemos.

Soy el viento rabioso que protege al ojo calmo del ciclón, el agujero negro que guarda una estrella eternamente aprisionada, la tormenta del desierto que disuelve el cielo estrellado y entierra la fe del trashumante. Y también soy la brisa que ondula tu pelo cuando te asomas al azul de las olas, y esa estrella fugaz que transporta en su cabellera de fuego tús deseos más recónditos y los deposita, con un beso callado, en la realidad, la inmensidad de una Vía Láctea que gobierna los caminos y nos guía hacia cada una de nuestras esperanzas. Soy el mejor corcel y la peor cabalgadura, la ola que rebaña tus pies a la orilla y la que remonta la proa de tu barca cuando navegas en alta mar, el río que serpentea sus meandros entre las hoces de tus piernas y al torrente que te arrastra entre aguas salvajes tornando el calmado valle en inundados pantanos. Soy glaciar y soy volcán, noche eterna y sol del desierto. ave que vuelta alto como las nubes y gusano enterrado en guarida inexpugnable, oso hibernado en inviernos inhóspitos y peces de colores nadando entre el coral de tus dedos, Soy magma buscando una salida de lava ardiente y nieves eternas en las cimas del Himalaya, vidas y muerte, sueño e imsonio, hambre y sueño, sueños y hambres…..

Y en uno e indivisible me ofrezo en genuflexión ante tus desnudos pies que nada me piden y delante de tus manos que todo me dan. Inclinada la testuz, oculta la cara de tus ojos claros que amo desde que me dieron luz una tarde lejana. Rindo mis armas y las entrego desnudas y vacías de todas las batallas, huérfanas de enemigos, para que las guardes bajo promesa de que jamás han de ser necesarias. Y me ofrezco como vasallo de tu reino, como constructor de tu grandeza como espejo donde contemples tu belleza, como aljibe donde calmes toda sed que queme tus sonrosados labios.

Acepta la paz del centinela que hoy te ofrezco, Hazla tuya y hazla grande. Nunca tuve oportunidad de declararme, nunca supe cuanto regio y atesorado podría ser el altar ante el que te adorara. Toma mi rendición y haz de ella la paz de los dos.

Y con ella bordaremos el cordón que nos unirá y nos llevará, juntos,en el nuevo camino que conduce más lejos de lo que nunca soñamos viajar

 

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s