No debía de quererte


19 de agosto de 2008

Lentamente va transcurriendo el verano. Mis vacaciones ya han acabado.

Este tiempo casi nunca me ha hecho bien. Debo reconocer que, para mí, la rutina es una defensa. Los dias transcurren atareados en hacer el mismo tipo de cosas y lo agradable siempre te sorprende al volver la esquina. No hay tiempo libre, por tanto no hay aburrimiento. No se busca nada, todo lo encuentras. Las vacaciones en cambio es un contínuo tiempo de no saber, un ¿qué hacer? para dejar de hacer nada, un perseguir algo que ni siquiera sabes que es.

Acabo de volver al trabajo pero aún así esta semana la inactividad es tal que será como si siguieran siendo vacaciones. Te echo de menos.

Siempre me juré que nadie sería de tan lejos, justamente por que sabía que no soportaría echarlo de menos. Y tenías que ser tú. Hasta mis golondrinas te echan de menos cada verano. Tenías que ser tú y tenían que ser las golondrinas. Mi vida en un estar y no estar, en un ir y venir en un deseo incumplido. ¿Cómo se le explica a alguien que tu deseo es coger un avión y volar unos cuantos km, unos cuantos días, para aplacar una sed que es irresistible? Hace semanas, paseando, me reencontré con una calle donde, al salir de cenar, y atisbar a unos conocidos, cogí tu mano para dar media vuelta y no violar nuestra intimidad. ¿por qué ya tantas cosas me recuerdan a tí? Acercarme a la sala del aeropuerto y recordarte mientras aparecías en ese amanecer. Pasear junto a la cafetería donde desayunamos, volver a verte sentada junto a ese balcón y redescubrir una camisa blanca en un armario. Tú no tienes eso, tú sólo me recuerdas, quizá, envuelta en el humo de un canuto. Yo, te veo a menudo en decenas de lugares comunes.

Mi vida está partida: la mitad es una vida real de asuntos reales y días que no me pertenecen, que me ha embargado la vida social que todos estamos obligados a tener. La otra mitad soy yo, Mi cerebro que funciona a su propio ritmo y las aventuras que mi cuerpo le regala para disolver su aburrimiento.

Te echo de menos. No sé si te gusta o prefieres no saberlo. Se acaba el verano y, a veces, sólo estoy seguro de que un día cogeré ese avión.

 

 

 

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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