restos de una conversación


19 de septiembre de 2008

La cueva es un lugar a donde uno regresa de cuando en cuando. Pero eso carece de importancia para nadie. El corazón no siente cuando los ojos no ven, así que bastará que no sepas para que el mundo funcione igual de bien que hasta ahora.

No te preocupes, volveré a ser algo de lo que me sienta orgulloso. Esto es un sube y baja permanente y la sentencia que reza “esto también pasará” es válida para lo bueno y lo malo.

 El sábado yo estuve equivocado. Tienes todos los derechos para ser feliz. Yo, en cambio, mezclé cosas. Mis ascos están basados en un mundo pleno de inmadureces y pasos ficticios. Pero de eso tú no tienes la culpa. He pensado este fin de semana mucho en tí (no en tí y en mí) y me he alegrado mucho de esa ilusión que intuyo de ese viaje y de la madurez. Es lo único que debiera haberte referido. El resto simplemente debi callarlo haciendo caso del viejo adagio No hables si no haces más bello el silencio

Te deseo lo mejor. Y para mí, sólo deseo que cuando mi teléfono suene, no sea porque alguien sienta obligación de contarme algo.

 Esta carta no está hecha para ser contestada.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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