Cuarteles de invierno


La mirada siempre al frente, Ojos en introspección, vacíos de huellas, fijos en la distancia, inermes, helados, alejados de toda cercanía e inmunes al consuelo y al gesto amigo.

Nunca había confiado en médicinas para el alma, ni en consuelos o confesiones. Los quejidos sólo añaden dolor al dolor y los lamentos no aminoran el sufrimiento de un camino que de todos modos hay que recorrer arrastrando los pasos. Las heridas no sangran, tan sólo. porque no queda sangre que verter. La muerte no pasa consulta, tan sólo. porque se es más útil mutilado y fracturado que exánime y sepultado en osarios olvidados donde la luz no encontraría rendija en la que refugiarse.

Había construido su propia carcel apilando bloques gélidos tan transparentes como impenetrables. Fascinantemente bello desde la distancia como inaccesible a la invasión, la vida se resumía en la misma hoja de un calendario que se resistía a pasar página. Los cuarteles de un invierno atroz abrían sus puertas bajo promesa de cerrarse sin llave ni cerrojo que volviera a dejar escapar lo que atrapaban.

Y en aquella memoria deambulaba sin olvidar pasados ni descubrir futuros, sin enfermar ni sanar, sin sumar ni restar, acusado y juez, fiscal y verdugo, jugando al frontón con razones, culpas y versiones de una historia que nadie conoce y nunca será contada.

Y tan solo una hilada de botellas lanzadas al mar de los navegantes que también naufragaron en su primer viaje. Esos que también escriben en sus propios vidrios y recojen las manos tendidas de los demás

Siempre hay un relámpago bajo un sol abrasador, una llama encencida en las nieves eternas, una gota de agua enterrada en las arenas de un desierto.

Y así, como un sencillo sacacorchos extrae el cierre de una vetusta botella de un viejo Burdeos, como un vaho que separa el valioso sello del sobre que el abuelo envio a casa con sus cuitas en la trinchera, como un delicado torno que pule la sucia roca para aflorar la valiosa gemma irisada, así atravesaste murallas, fundiste hielos y abriste puertas sin cerraduras.

Y el olor a podredumbre fue escapando de la atascada celda, y el aire perfumado volvío a correr de uno a otro muro. Y de pronto la luz, y de pronto el mañana, y de pronto la realidad de un hoy que no se parecçia al ayer.

Los recuerdos guardan en silencio el secreto que impide aniquilarlos, Y sin embargo la solución es sencilla, Basta con construir otros nuevos, recientes, frescos y de una intensidad que ensombrezca todo lo antiguo. Con suavidad, las nuevas pinturas cubren las antiguas humedades, las paletas suavizan las honduras y el cuadro vuelve a lucir sus galas con explendor renovado.

A veces tan solo hace falta un pintor avezado, una mano diestra una paciencia infinita y una inmunidad a los venenos.para depositar el beso mágico que nos despertará.

La promesa de no volver a vivir en el ayer es lo único que se nos pide a cambio

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s