Los miedos a perder


Veo un mundo que despierta a planteamientos nuevos pero que juega a ellos con reglas antiguas. Veo abiertas las puertas para que llegue la luz a lo que antes eran los oscuros pasadizos del erotismo y la sensualidad, pero también mucho miedo a transcurrir por esos pasillos de los que desconocemos lo que habrá al final. Veo a muchos lectores de literatura erótica, veneradores de fotografías y citas que claman por la libertad de nuestra capacidad para dar y recibir placer, pero sienten miedo a que les quiten lo propio. Veo cómo se ahogan en su inseguridad mientras se preguntan si el otro será más simpático, más guapo o la tendrá más gorda. Veo miradas furtivas que desean lo ajeno mientras se muestran incapaces de compartir lo que consideran propio y no dudan de que les pertenece. Veo imposibilidad de confiar en la propia capacidad de conquista.

Tan pequeña es la autocononfianza, que no soportamos el desconocimiento que conlleva la ausencia. La libertad ajena va aparejada a la aceptación de la intimidad, la aceptación de que no nos pertenecen todos los segundos de un tiempo del que sólo nos entregaron una parte. El camino está abierto a ser, en parte, senderos tan estrechos que sólo se pueda caminar en fila de a uno y puentes tan endebles que sólo nos permiten un único paso.

Hablamos de mentalidades abiertas mientras continuamos señalando al otro como nuestra pareja. Y esa es la base de nuestra contradicción. Hablamos de compartir vidas porque en realidad deseamos que nos las entreguen sin condiciones. No soportamos muros y necesitamos dispositivos de seguimiento que nos indiquen la posición la velocidad y la dirección en la que navega una nave de la que nadie nos ha nombrado capitán.

No existen las parejas estables, En realidad todas caminan sobre un alambre tensado en lo alto de un precipicio. El equilibrio constante se exige, la valentía y la prudencia son ingredientes fundamentales para no perder nuestras posición privilegiada. El haber sido el cortejante elegido en un momento dado no nos da pasaje gratuíto a la eternidad y no podemos olvidar que nuevos pretendientes ansiarán lo que nosotros deseamos, tanto más, cuanto más deseable nos parezca. Tan sólo ganaremos cada vez que seamos el mejor. El respeto, el aprecio, la admiración y el deseo se consiguen en cada instante. Si lo das por hecho, lo has pedido.

Son muchos los que piensan que nos hemos liberado porque ahora follamos más y mejor. Pero es una receta que sólo es válida cuando no intervienen los sentimientos. Somos abiertos en ausencia de emociones pero nos aterra ser libres cuando creemos que amamos.

Curiosa generación ésta que se declara en plena revolución sexual, emocional, social y amorosa. Viven envueltos en slogans enarbolados en sus pendones de guerra que enfundan en su cobardía al menor indicio de que el enemigo amenace con invadirlos.

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

5 comentarios en “Los miedos a perder”

  1. Que bien!! Una idea muy, muy exacta !! Eres un genio….Lo que no sabemos utilizar y ni siquiera conservar….pero a pesar de ello …miedo a perderlo.

  2. . Somos abiertos en ausencia de emociones pero nos aterra ser libres cuando creemos que amamos……..Es muy cierto!!! Las emociones nos hacen ,a veces, una mala jugada…

      1. Quiza el miedo a abrirse a nuestras propias emociones es…lo que nos haga una mala jugada..

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