La mujer de seda


27 de noviembre de 2009

Muchas noches, cuando vuelvo a casa siendo casi la hora en que ya todos acabaron de cenar, mi camino me lleva a través de las calles oscuras de las putas.. Las muchachas de mi ciudad no son diferentes a las de las tuyas, exhuberantes, provocativas, escotadas, gritonas o abundantes. En ocasiones, hasta reduzco la velocidad de mi coche y mi mirada juega con la suya en un tímido baile del que siempre salen vencedoras. No tienen que perder y al final, sólo buscan que mi dinero cambie de bolsillo, compraventa, oferta y demanda, escaparate y producto. 
Pero al final de la calle hay una persona diferente. Ella está más allá de todo, fuera de toda competencia y opuesta como la noche al día. Donde había procacidad, hay comedimiento, donde poca ropa, un abrigo largo y sueter de cuello alto, donde suenan bolsos brillantes, apenas una mirada seria y sostenida. No es guapa, no es una belleza de bandera y no llamaría la atención en esa larga noche porque no trata de hacerse notar. La primera vez dudé de si estaba allí por casualidad, de si esperaba a un amiga en el sitio equivocado o de si, simplemente, esperaba al verde del semáforo para cruzar la calle. Las siguientes noches que la ví al volver a mi hogar ya no podía caberme la duda. 
Soy persona de intentar siempre saber los por qués, las raxzones. Nada es por azar y ella no estaría allí cada noche si no fuera por que su producto se vende bien. Me gustaría saber como es su clientela, quien, abandona a la mulata de pechos inmensos por aquella cara triste y tímida, quien puede sentir excitación suficiente para parar y preguntarle por sus servicios. 
¿quien sabe si un día aceptará un café para charlar?. Seguramente será el café más caro de mi vida porque su tiempo vale lo que vende y poco debe importarle si en esos minutos va a alegrar mi cuerpo o mi espíritu. Pero creo que en alguna ocasión me decidiré a intentar entender un misterio, que cada noche, cuando vuelvo a casa y paso por delante de ella, se mete en mi cabeza y no me abandona hasta que rindo pleito al sueño

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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