Blancos, negro, grises


Catorce años escuchando es haber tenido la oportunidad de conocer muchas vidas contadas. Una intensa variedad de relatos, pensamientos, secretos, alegrías y dolores que conforman vidas llenas de recuerdos, dudas, preguntas y certezas. Tanto tiempo de conversación han creado la seguridad de que cualquier persona necesitamos contar. No tanto por que nos escuchen como por escucharnos a nosotros mismos. No tanto por relatar como por darnos cuenta de que no duele aunque se remueva.

Y por supuesto, dada nuestra condición, existe un relato común, una vivencia por la que todos hemos pasado. Se diría que es, casi siempre, el punto central en torno al que gira nuestro pasado, el más importante, el más duro , el más complejo y el más dificil del asumir. El matrimonio y el proceso que lleva a la separación y el divorcio es nuestro talón de Aquiles. La prueba del algodón que muestra, casi siempre, que hemos llegado al fondo del más oscuro dolor y a la reconfortante tranquilidad de la más intensa complicidad.

Sólo quien ha sido capaz de caminar en soledad por su pasado, es capaz de comprenderlo en toda su extensión. Hablar en términos de responsabilidad compartida de aciertos y errores en ambos, de razones y sinrazones en las decisiones propias y ajenas, es un síntoma de madurez y ayuda a recomponer los destrozos y colocar cada cosa y a cada persona en el lugar que le pertenece.

Y sin embargo qué pocas veces lo he escuchado. Los yo, mi, me y comigo se distancián de los él, su, se y consigo en torno a fronteras bien delimitadas. De un lado el bien, la paciencia, la complacencia, el dar, el cumplimentar, el sacrificio y la entrega. Del otro, el mal, la impaciencia, la dominación, el exigir, el controlar, el egoísmo y el desentendimiento. No hay término medio. No lo hubo nunca y nunca cabrá una versión más interrelacionada, sin tanto blanco y tanto negro y más llena de diferentes tonalidades de grises.

He escuchado todas esos pasados y he contado los míos. Y cada vez que lo he hecho, me he puesto en el lugar del otro. y he puesto mi historia como si estuviera escuchando la voz de mi ex pareja contándola a otro oído. Y he tratado de suponer ¿qué contaría ella? Y si contaría lo mismo que estoy escuchando. Y si yo estaría de acuerdo.

Tenemos una memoria selectiva y que nos cuida. Nos reforma los recuerdos para que curemos las heridas. Pero tenemos una conciencia que nos susurra y una humildad que nos advierte. Una y otra son, para mí un buen termómetro de la sinceridad con la que nos tratamos a nosotros mismos.

Y a menudo como dice el chiste, nos situamos a 0º ni frío ni calor

 

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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