Ausencia de letras


-Ya no escribes como lo hacías antes-

Y la frase martillea en mi cabeza.

Y pienso en la verdad que representa y en los motivos que se ocultan tras mi pereza.

No sería justo excusarme en que faltan los mensajes. La realidad me sigue proporcionando asuntos sobre los que escribir. Cada día una vida se cruza en mi camino, un amigo hace un comentario sugerente, una persona tropieza o acierta y me aporta una nueva mirada que da la vuelta a lo evidente. ¿Por qué entonces no lo plasmo en estas letras?

No faltan las frases ingeniosas que siguen apareciendo en los momentos más inesperados. A veces, también pienso si el mundo de las ideas se ha comprimido de forma condensada bajo el ritmo de los ciento cuarenta caracteres. Este blog deriva en otro más corto en el que las ideas se vuelven en imágenes y, juntas, transmiten un universo sugerente que se crea, más en la mente del lector, que en el mensaje enviado.

Quizá sea que, para escribir, es necesario un punto de tristeza. La mente del que sufre es más rica en quejas, en aullidos que lanzar al viento. A los lectores les gusta servir de consuelo al lastimoso suspiro del que no tiene soluciones. O quizá se sienten cómplices de la condena que sufre el prisionero y la adaptan a sus propias cárceles para fundar una cooperativa de la angustia a la vez que son padres confesores que entierran los secretos contados y devuelven esperanzas vanas.

No hago otra cosa que pensar en tí, y no se me ocurre nada, cantaba un Serrat enarbolando la imagen del poeta abandonado por las musas. Y así, yo, ahora, me siento incapaz de hablar de todo lo que pienso. Y no encuentro pegamento que una todas las ideas que navegan por mis pensamientos, ni sumidero por el que destilen esas historias que quiero contar.

O quizá sea el amor quién me amordaza. O tal vez la mentira que teme ser descubierta. O puede ser que yo ya no quiera mostraros mis entrañas.

He perdido la fe en la escritura. Le soy infiel con la vida. Y en venganza, las letras danzan desordenadas en el teclado y se niegan a hilvanarse con el hilo de la narración que rebusco.

Y mientras tanto busco aquel talento que permitía vestir de colores una verdad desnuda y pintar espejos que plasmaran el fulgor de una fotografía tomada en el contraluz de un insospechado instante

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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