Consolador con mando a distancia (II)


La sorpresa la llevó a leerlo dos o tres veces incrédula ¿un Sex Shop? ¿Un consolador? Pero si apenas la había rozado desde hacía años. Si no sabia lo que era un orgasmo desde los lejanos años en que los chicos eran unos niños. Si hasta había pensando en cambiar la cama de matrimonio por dos individuales para dormir cada uno a su aire.

Su vida sexual nunca había sido digna de mencionar. Se conocieron como dos novios inexpertos que apenas abrían los labios para besarse. Ella no recordaba si estaba enamorada entonces pero de lo que estaba segura era de que nunca había sentido esa pasión desbordada que había visto en las películas. A ella nunca la había acosado su marido por la espalda mientras estaba en la cocina, no le había amasado con rabia, incluso con dolor, las tetas ni le había levantado las faldas pera acariciar su coño húmedo o la había empotrado contra una pared del pasillo y penetrado con esa pasión que llena el deseo repentino. Su experiencia sexual no pasaba de sentir un cuerpo masculino que la aplastaba y una polla que buscaba un coño que no conseguía estar húmedo y que se llenaba de dudas e incertidumbre a la vez que de semen. Cierto es que tampoco ella había sido una mujer demasiado lanzada. Cualquier prueba o intento fuera de los cánones le parecía desagradable y no encontraba ningún sentido en probarlo. Usar la boca para acariciarlo le daba asco y no había pasado de una breve caricia con los labios sin más penetración que el glande. Su sabor y olor le repelía y de daba arcadas. El culo, seguía tan virgen y tan cerrado a las propuestas de su marido que, incluso había tenido que apartarlo de un empujón algún día en que él, lo había intentando ajeno a sus negativas. Su sexualidad se movía a base de masturbaciones. Su cama, su imaginación, sus dedos, su soledad, habían compuesto todo el escenario necesario para buscar un placer a solas,

Pero el ticket decía: Consolador con mando a distancia.

Y ella nunca había sabido masturbarse. Lo había visto en alguna película, incluso se había permitido el buscar algún video pornográfico en internet, sentada ante el ordenador de su hijo y había tratado de imitar los movimientos. Sus dedos se movían torpes en torno a su sexo y encontraban un tenue cosquilleo que apenas la motivaba y que la llenaba de dudas. Y ahí acababa su deseo, sin imaginación, si líbido sin complacencia. Sin duda su sexualidad había sido siempre un desastre.

Quizá fuera que su marido había decidido darle una vuelta de tuerca a todo aquello y había vuelto a apostar por ella. Tal vez no había perdido todo el encanto para él y esta noche, tras la cena, el comenzaría de nuevo la senda de la conquista para hacerla suya con esa pasión de enamorados que se reencuentran después de tanto tiempo alejados. Sin duda ella estaría nerviosa y él la abrazaría plena de seguridad. No cabía ninguna duda. Así iba a ser el reencuentro y ella quería estar a la altura.

 Buscó y rebuscó entre los cajones que guardaban su ropa interior, hasta encontrar un conjunto que no se ponía desde hacía años. Lamentó no haber sido más previsora y haber dejado pasar el tiempo sin darse una oportunidad de renovar su intimidad. Si esta iba a ser la noche, apenas tenía tiempo de prepararse. Se notaba rejuvenecer por momentos y trataba de que la ansiedad no le hiciera comerse las uñas. ¡Quedaban tantas horas para que llegara el momento!

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

2 comentarios en “Consolador con mando a distancia (II)”

  1. La primera parte, casi palabra por palabra, me recuerda mis años de casada, todo… incluso el asco. Menos mal que eso ya es historia.

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