Consolador con mando a distancia


Los sábados por la mañana empezaba el fin de semana para toda la familia. Era un día en el que cada uno de lo miembros organizaba su agenda a su elección. Los chicos ya tenían edad y planes que los hacían independientes.

El mayor despertaba a primera hora y se preparaba su ropa deportiva para acudir al entrenamiento. Ella disponía el primer el primer desayuno del día: leche con cacao, cereales y algo de fruta y lo despedía con las prisas de perder el autobús que le haría llegar al pabellón.

La pequeña era más perezosa y solía ajustar sus horarios a los de los de centros comerciales. en los que dedicaba estas horas a ir de compras con sus amigas. Su despertar era un desenterrar en el armario la ropa elegida y un encerrarse en el baño para buscar el maquillaje y el peinado apropiado para la amiga que más conseguía sorprender a las demás por su belleza y atrevimiento. Era tan imprevisible que no era extraño tener que calentar varias veces en el microondas el tazón de leche semidesnatada que su dieta y sus vaqueros le permitían en el desayuno.

Luego estaba su marido. Él era más inconstante y, aunque otras veces se quedaba en casa y la ayudaba con algunas tareas domésticas, hoy había decidido salir temprano con una indefinida excusa. Habían compartido un café con leche en la cocina con pocas palabras. Él tenía una extraña prisa y se había ido tras apurar la taza en dos largos tragos aguantando la temperatura de la leche que a ella la hacia tomarla a sorbos.

Ella pensó en que aún le quedaría algún preparativo para la cena de esta noche. El miércoles había sido su cúmpleaños y habían decidido guardar la celebración para la calma de un sábado noche en el Restaurante preferido. Sí, seguramente él había previsto algún detalle que tendría que perfilar y queria aprovechar aquellas horas para ultimarlo. Él hacía mucho que no era detallista y ella no quería echárselo en cara. Volvía a casa siempre muy tarde. Se quedaba trabajando más allá de su horario y ella no creía oportuno reprocharle. Si bien era cierto que lo echaba de menos. Unas flores, una caja de bombones, un viaje juntos, un libro o unos pendientes, la habrían hecho feliz y sentir que seguía siendo importante para él. Pero desde hace tiempo eso no existía. Se había perdido en la noche de la cotidianidad. Quizá por eso le había pedido cenar fuera esa noche. Quizá una velada romántica, un poco de vino, una música ambiental podían hacer retornar la pasión que se había perdido en su matrimonio. Ella no estaba segura pero quería intentarlo.

Con esos pensamientos en la cabeza, sus pies caminaban por la casa, recogiendo en la cocina los menajes de desayuno, organizando algunos cajones y dirigiéndose a su dormitorio para terminar de hacer la cama antes de salir hacia la peluquería donde tenía cita en una hora.

Fue al estirar la colcha cuando un papel pequeño voló suavemente hasta el suelo. Fue a recogerlo pensando que a su marido se le caería al vestirse. Se lo dejaría en la mesilla de noche para que lo encontrara a su vuelta. Él era un poco despistado y nunca conseguía encontrar nada. Por eso ella velaba también por el orden de sus cosas. Si no, pensaba, él se volvería loco antes de encontrarlas.

El papel parecía un ticket de compra. La sonrisa afloró a sus labios. Quizá era su regalo de cumpleaños. El escalofrío de la curiosidad le recorrió todo el cuerpo y la llevó a desdoblar el papel. Cierto que le gustaban las sorpresas pero, teniendo aquello a su alcance, no era capaz de dejar pasar la oportunidad.

El nombre del establecimiento fue la primera sorpresa. El Jardín de los Deseos sonaba a muchas cosas y casi todas interesantes. El subtítulo empezó a aclarar algunas de ellas: Sex Shop. Ya no pudo con la curiosidad de ver qué había comprado para ella. Para una vez que se había acordado de un regalo ella no podía soportar la espera.

El ticket decía: -Consolador con mando a distancia-.

…….

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

Un comentario en “Consolador con mando a distancia”

  1. ¿Está repetido? acabi de escribir un comentario, despues de hacerlo he visto que la flecha hacia atras habia otra entrada con elmismo título.

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