Consolador con mando a distancia (y IV)


Montaron en el coche casi en silencio. Ella sujetándose la parte baja del vestido para que no se le subiera por encima de lo permitido. Nerviosa como una colegiala en la primera cita, se ajustó el cinturón y esperó a que él hicera algún comentario sobre su belleza, sobre la velada, sobre la felicidad de sentirse unido a ella durante todo este tiempo. Pero él, impertérrito, arrancó y comenzó a conducir hacia el destino. Muy al contrario, la conversación que comenzó él fue de lo más vanal: Los niños, más bien adolescentes ya, sus constumbres, los vicios, las molestias y reconvenciones. Ella contestaba con monosílabos sin entender bien qué estrategia seguir. Era su cumpleaños, un día en el que ella, ambos, debían ser protagonistas. Era el momento de intentar recuperarse, de hablar de amor, de pasión, deseo, secretos, compenetración y encuentro. Sin embargo, ahí estaban los temas de siempre, hijos, trabajo, las cuentas de la casa, las anécdotas de padres, hermanos, vecinos…..

Mientras lo escuchaba, la atención de ella bajo lentamente por su cuerpo hasta sentir de nuevo la llamada de su sexo depilado. Así, sin bragas, alguna corriente fría del aire acondicionado llegaba por entre sus piernas y acariciaba la vulva causando una leve sensación de frescor que curiosamente a ella la estaba empezando a calentar. Las palabras de su marido sonaban distantes concentrada como estaba en el placer desconocido que estaba sintiendo. El frío la calentaba y ella no podía alejar su pensamiento de ese placer. Apretaba las piernas y eso acentuaba aún más el deleite. Si ese viaje no acababa pronto iba a correrse alli mismo por primera vez.

Llegaron al restaurante puntuales. Aparcaron fácil dentro del recinto y ella suspiró al apagarse el motor. Abrió la puerta y, al apoyar el primer pie en el suelo, se sintió insegura y húmeda. La excitación le robaba las fuerzas y tuvo que andar con tiento para no dar un traspies inoportuno. El maître los recibió con atención profesional y los dirigió a la mesa, entregándo sendas cartas para que eligieran los platos de la noche. Les ofrecieron tomar un aperitivo pero ella que no bebía habitualmente decidió que en esta cena apuraría la botella de vino elegida. Pidieron un Pago de Carromera ideal para la carne  de buey que eligieron como plato principal.

Retirado el camarero con la comanda, él la miró directamente a la cara sonriendo por primera vez en la noche. Cogió su mano.

Ella sintió de nuevo el calor invadir su cuerpo

-Me ha costado mucho elegir tu regalo-

El flujo empezaba a asomar por sus labios, como anticipando a lo que iba a suceder

-. Y mucha más aguantar todos estos días sin dártelo.-

Casi quiso gritarle que callara y se lo diera ya. Que su coño no podía aguantar más a recibirlo.

-Espero que te guste –

Del bolsillo de su chaqueta extrajo una caja rectángular sin marcas visibles y lo depositó sobre la mesa, junto a su plato. Las manos de ella sudaban cuando lo tomó, el sexo palpitaba como si fuera el mismo corazón.

Abrió el envoltorio rasgando el papel, abrió la tapa de la cajita y abrió los ojos ante un objeto que debía ser…..

Una botella de perfume Ángel de Thierry Mugler.

Ella levantó la mirada con la boca abierta, paralizada. No lo podía creer. ¿Qué estaba pasando?

-¿No te gusta?- Dijo él -Es el que utilizan las famosas Katy Perry y Scarlett Johansson-

El grito de ella rebotó en las paredes blancas del restaurante antes de llegar a los oídos de él.

-¡ERES UN IMBÉCIL!-

Y sin esperar una respuesta, se levantó, y se dirigió a la puerta de la calle seguida por las miradas de todos pero con paso firme y sin duda. Llegó a la calle y abrió la puerta del primer taxi de la fila.

-¡Sáqueme de aquí! ¡A dónde sea, pero lejos!-

El conductor, arrancó obediente con ella ofuscada en el asiento trasero. ¿Qué coño había pasado? ¿dónde estaba su consolador? ¿por qué no estaba dentro de esa caja? y si no estaba allí ¿dónde estaba?….

De repente todo encajó como las piezas de un mecanismo. La falta de vida sexual, la distancia, sus horas de trabajo de más, sus ausencias de casa por motivos peregrinos. Sin duda allí estaba el consolador cuyo ticket él había dejado olvidado en el pantalón esta mañana. Ahora había abierto los ojos que habían sido ciegos todos estos años.

Y ¿dónde quedaba ahora su amor, su excitación, su deseo naciente de una sexualidad que no había existido hasta hoy? ¿qué hacía con su coño depilado y sus ganas de tener algo dentro de él que alimentara su pasión? ¿Qué era lo que debía, quería y podía hacer ahora?

Una nueva mujer había despertado por casualidad, y esa fémina, hambrienta y lujuriosa ya no quería dormir nunca más. No quería apagar su avidez, al contrario, quería darle todo lo que fuera capaz de comer.¡ Y lo quería empezar de inmediato!

Las luces de un nocturno bar de copas, aparecieron como magia. Le dio tiempo de dar la orden al conductor para que se detuviera en la puerta. Entró con paso decidido hacia la barra, sin dejar de caminar, seleccionó a los candidatos, valoró y decidió. Al asomarse al costado de él, no le costó decir en tono de venganza.

-Necesito, un cigarrillo, una copa y un polvo. A partir de hoy quiero beberme todos los vicios-

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

6 comentarios en “Consolador con mando a distancia (y IV)”

  1. No se si se ha acabado, si es así creo que la mujer se espabilirá por su cuebta y verá que su marido es nulo totalmente y merece se le de una patada donde yo se, pues si había comprado un cosolador quizás era para otra… o quizás querría dárselo más tarde y empezar nuevos juegos, porbre mujer, se lo merecia. Sea el que sea, si la historia acaba así, da pié para que cada uno nos formemos un final a nuestro gusto.

  2. Como parece que no te lees mis comentarios, ya que no contestas, es tontería que escriba mi opinión.
    Un día dijiste que te gustaba que te comentara, pero aquel día por lo visto sonaron las campanas.

    1. Leer los
      Comentarios los leo absolutamente todos. Y por supuesto los aprecio.Algunos seguramente no podría añadir nada a lo dicho y por eso no contesto.
      Siento si te he molestado en algo. No era mi intención.

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