Comunicación


El mundo de las redes sociales tiene diferentes tipos de habitantes. Quizá pensemos que, sí dejamos atrás a tantos como buscan aventuras sexuales eventuales, nos quedemos en el recuento tan sólo con media docena de locos que entienden este mundo como una rede de carreteras cuyo objetivo es esencialmente la comunicación. Afortunadamente no es así.
Personalmente llevo mucho tiempo en esto. Recuerdo aquellas lejanas épocas en las que no había Wifi, no existía Facebook ni Twitter, por no haber, no existían ni siquiera las líneas ADSL y durante todo tu tiempo de conexión, Telefónica te facturaba a precio de llamada local y tu teléfono fijo marcaba señal de ocupado. No hace tanto de esto. Siquiera quince años.

Y durante todo este tiempo, la comunicación me ha proporcionado todo lo que tengo hoy en mi vida. Salvo el trabajo y la familia, muchos de mis amigos personales, con los que comparto vida, anécdotas, confidencias, viajes y felicidad, salieron de un hola en esta pantalla del ordenador. Y desde entonces, también, las chats fueron evolucionando a los grupos de MSN y de ahí a las redes sociales, y de ahí a las aplicaciones móviles. Todo en pos de un afan creciente por comunicar, por intercambiar, por huir de la soledad y por encontrar nuevos horizontes. Todo esto ha dado sus frutos y nos ha engrandecido. Hemos podido colaborar, aprender, divertirnos, experimentar y caminar senderos que nunca hubiéramos podido imaginar.

Debo reconocer que ya he llegado a ese punto en el que, habiendo encontrado grandeza, empiezo a sentirme cansado. La pugna por escribir mis pensamientos, ahora que ya hay en mi vida personas con las que puedo desarrollarlos mientras cenamos o tomamos un café, mientras paseamos por montañas y playas o vemos tranquilamente una película, pierde fuerza y terreno. Me cuesta escribir de lo que ya he hablado con alguien cercano. No sé desarrollar dudas que ya me han enseñado a resolver. Pero por otro lado, leo a aquellos que muestran sus pensamientos en la nube y envidio sus letras y las brillantes ideas que expresan y eso me hace retomar el gusanillo de algún pensamiento suelto que pueda plasmar. Al fin y al cabo mi vida siempre ha sido el gobierno de las dualidades.
Hay personas que llovieron de esta nube y que proporcionaron un goteo de nuevas propuestas de nuevas aportaciones y que me permiten disfrutar de su compañia, de sus conocimientos y de sus experiencias. Indivíduos en los que confío, de los que aprendo y en los que deposito mis inquietudes para que me devuelvan nuevos planteamientos.

Creo que en parte, por todo eso, es por lo que continúo aquí.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

4 comentarios en “Comunicación”

  1. Me gusta mucho como describes todos tus pensamientos e ideas y en muchas de ellas me veo a mi misma. No en lo que se trata a internet y todo lo que conlleva el mundo virtual, en esto se puede decir que soy casi una novata. Pero lo poco que he tratado en chats, en blogs y ahora en Facebook, me ha aportado buenos momentos, he conocido -muy pocas personalmente- personas agradables, las que no podíamos compartir nada, pues las he dejado por el camino… contigo continuo, por algo es y es que me atrae tu manera de escribir, me gusta leerte, así pues… continua…

    1. Uno de los mejores piropos, saludos, abrazos, palmadas en la espalda, que he recibido en todos estos años de aportar mis pensamientos a esta blogosfera.
      Me siento enormemente agradecido a este gesto para mí inesperado. Has provocado una sonrisa que durará mucho tiempo. Gracias

  2. El mundo virtual con todas sus heramientas de comunicación e información es un océano de posibilidades para enrequicemiento y desarrollo personal. Cada uno lo aprovecha a su manera. Pero la verdad es que se encuentra tanta gente con la cual te encajas espiritualmente…que merece la pena estar delante la pantalla disfrutando de la comunicación. ¡Viva el mundo virtual! Bueno, sin pasarse….hoy me ha quemado el arroz…mientras me encajaba espiritualmente.atraves de la pantalla..jajajaja.

    1. Ni tan poco como para despreciarlo, ni tanto como para sobrevalorarlo. Es un caballo que hay que saber cabalgar y la mayoría sólo saben dejarse llevar. Eso los lleva al precipicio. Como con todo. Inteligencia, paciencia y algo de suerte

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