Condenados a olvidarnos


Nadie dijo que la vida fuera fácil pero, de ahí a rendirse, hay un espacio tan vasto que no puede ser recorrido con los ojos cerrados, sin ser consciente de las consecuencias.

Ocurre que en un momento de nuestras vidas, nos sentimos oprimidos, esclavos limitados en nuestras esperanzas e ilusiones, agobiados en corsés que nos impiden crecer, ser libres, aprender a entender que la vida es mucho más que las cuatro paredes de la casa que habitamos y mucho más que los lazos sociales que nos limitan y nos mantienen pegados a ras de suelo. Entonces es cuando decidimos hacer nuestra revolución, hacer volar por los aires todo lo que nos lastra y empezar a caminar hacia nuestros propios sueños.

Pero ser dueños de nuestras decisiones es una espada de doble filo. Somos dueños de nuestras opciones y tenemos capacidad para elegir, podemos luchar por lo deseado y llegar a hacerlo posible.

…O fracasar.

Nadie nos había garantizado obtener el éxito. Y la vida es cruel para los habitantes de la jungla. Se pasa frío, hambrey añoranza. Porque hay momentos en que las decepciones desbordan la copa que somos capaces de beber. El péndulo ha llegado al extremo en el que queríamos habitar, el opuesto aquél del que proveníamos. Y ahora éste tampoco nos gusta. Recordamos el calor de la chimenea en casa, la compañía de los nuestros, el control que teniamos sobre la situación y las comodidades.

Porque la memoria es selectiva y, en su afán de guardarnos, nos suaviza y hace que olvidemos las razones por las que quisimos huir de allí. Y hace también que queramos regresar. Entonces acoplamos nuestros argumentos a nuestros deseos y el péndulo busca cruzar de nuevo al lugar desde el que partió.

Es el paradigma del fracaso, repudiar lo que no supimos alcanzar, negar la existencia de lo que no hemos encontrado y jurar que amor, libertad, satisfacción y placer son entelequias que nadie consigue porque en realidad nunca existieron.

“Si lo hubiera sabido, no habría salido de allí” es una frase que he escuchado en algunas ocasiones y que resuena en mis oídos con sonido de revés, decepción, frustración y descalabro. Y a la vez, también a despedida. Porque en el mundo al que se dirigen de vuelta, yo no quepo. No puedo existir en un lugar confortable, ciego y limitado en el que no hay capacidad para la locura, la sorpresa o el riesgo.

Estamos condenados a olvidarnos.

Porque yo soy la imagen de su vivo fracaso.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

2 comentarios en “Condenados a olvidarnos”

  1. No creo que sea facil olvidar,lo que sí es cierto es que se pasa página.
    Los recuerdos livianan los motivos y a veces inclinan la balanza equivocadamente.
    Pero si lo miras y piensas objetivamente,sabes,que ese momento pasó,que lo que fué pasó,es pasado y que no sabes si podría ser en un presente,y, como no lo sabes y tienes dudas,te quedas donde estás.
    Porque si no actuas,claramente es porque no apuestas y decides quedarte quieto,en espera
    Pero no,aún así ni es fracaso, ni olvido

  2. Alguien dijo una vez,con todo la razón,las excusas,son eso,excusas,en realidad miedo a enfrentarse a la realidad.Somos dueños y señores de nosotros mismos,afrontemos exitos y fracasos con todas sus consecuencias,no hay nada peor que sentirnos siempre vencedores,únicos,super héroes,los mejores,porque entonces…pobres de nosotros mismos,siempre en algún momento frustradamente,nos sentiremos fracasados

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