El pecado fue seguir sus pasos confiando solo en la fuerza de mi atracción. 

La penitencia fue ser el juego de una mente explosiva capaz de encontrar cada punto de placer en mi cuerpo y alargarlo de tal forma que no fuera capaz de reconocerlo, dejar una huella indeleble de sensualidad y lujuria que todo mi futuro se convirtió en un intento de regresar a ese instante maldito en que mi vida empezó y terminó en un sólo segundo.

Autor: Kurt Spìnozza

un caminante a la búsqueda de caminos en los que encontrarse

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