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Corazón de mimbre 

“¡Quieto parao! ¡No te arrimes!”

De pronto un día despiertas abrasado de sed, ansioso de una sensación que reconoces pero hacía mucho tiempo que no te visitaba.

“Yo me quedo aquí a tender mi pena al sol, en la cuerda de tender desolación.”

Caminas por los senderos de la soledad de nuevo con esa reconocible tendencia a lamer las heridas que es el mejor síntoma de la cobardía que impide curarlas. Y tienes también el pulso de que eres lo suficientemente experto para no engañarte. Ya has sentido lo mismo muchas veces y sabes cuáles son las señales. Las has reconocido pronto. Y por eso has venido aquí, a este banco de un solitario parque a esta hora temprana. Por eso has abierto de nuevo este diario y has comenzado a contarte a ti mismo lo que ya conoces 

“Y en cuanto acabó de zurcir las heridas de las noches mal dormidas, llegué yo.”

Y sin embargo sabes que ahora no es igual, que no debes confundirte, que ahora no estás solo como antes. 
Como antes cuando no sabias hablar y confiar. Como antes cuando tu diario era un secreto escondido en el que confesar lo que a nadie querías explicar. Ahora no debes caer en el mismo error.

“Y me confesó, ¡cuando quieras arrancamos!. ¡Se acabó el que te quemara el sol!”

Porque sabes que quieres ser escuchado aunque no quieras contarlo. 

“¿Qué coño le pasará, que ya no sale a volar?”

Pero también sabes que no has de cometer el mismo error que creíste solución en otras ocasiones.
Por eso le dejaste leer aquí. Porque sabías que llegaría el momento en que sería importante que lo hiciera. 
Porque sería como decirle sin hablarle y sabría recibir el mensaje sin decir palabra. Porque sabría contestar sin alzar la voz. Porque sería capaz de acompañarte pero también ayudarte la construir la solución.

“Y le hizo un trato al colchón. Con su espuma se forró el corazón. Anoche era de piedra y al alba era de mimbre. Que se dobla antes de partirse.”

Y abandonas este banco que en otras vidas te habría acogido todo el día. Aquellos tiempos en que desaparecías de un mundo que callejeaba por encontrarte. Y caminas deshaciendo el camino, en busca del lugar donde el cuento empezaba con un “Érase una vez..”
 Y donde sabes que antes sólo había el final de puerta y petate, ahora conoces el riesgo de la apuesta, el giro de una ruleta que te ofrece rojo/negro de ganador/perdedor

Y donde eliges el final “…y comieron perdices”

“Amaneció. La vi irse sonriendo con puesto por la puerta del balcón. El pelo al viento diciéndome adiós. Porque decidió que ya estaba hasta las tetas de poetas de bragueta y revolcón. De trovadores de contenedor “

Carrete de fotografías 

La vida es un carrete de los antiguos. Cuando vas a revelarlo te comes las treinta fotos que salieron de medio cuerpo, desenfocadas o con el gesto torcido. 

También las cinco que fueron tomas excepcionales. Pero todas pasan a tu álbum de fotos.

Eso sí, cuanto mejor fotógrafo eres, menos tienes de unas y más de las otras
Quizá esa sea la diferencia hoy. Estamos demasiado acostumbrados a lo fácil: 

No me gusta, lo borro. 

Es demasiado largo, no lo leo. 

Es complicado, elijo lo fácil. 

Es lento, prefiero lo fugaz.

Añoro los tiempos en que sólo hacía una fotografía de cada lugar porque el Carrete el revelado era caro. 

Eso nos ayuda a valorar los esfuerzos

El placer de escribir

Entiendo el placer de escribir.

Es un paso sucesivo al placer de leer.

Es una forma de confesar realidades y compartir fantasías.

Aprendí a hacerlo hace mucho tiempo, casi tanto como a confesarme. O tal vez incluso más.

Sé lo que se siente al vomitar sentimientos sobre papel o bits electrónicos.

Lo sé yo, como lo saben cientos de miles que poseen blogs, Pages o diarios.

Aprendí que los hay que lo hacen infinitamente mejor que yo y también quienes no tienen buen feeling con la belleza al expresarse.

Pero no me endioso si me dicen que el Universo me dotó con el don de las palabras-

Porque al fin y al cabo, lo único que hago es dar gracias infinitas a todo aquél que tiene el interés y la paciencia de leerme.

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Pues yo solo me siento a reflexionar el día 2 (y más hoy que aún tengo vacaciones) y lo que veo me hace sonreír. ¿Sabes aquello de cuando te duermes, sueñas, y te despiertas a laMañana siguiente con la sensación dulce del sueño y la evidencia de que todo sigue igual en su mismo lugar?

Agradecido por vivir cada día, por pensar y por dudar.

El resto, paso a paso y cuando regrese con el triunfo en la alforja

Estoy viendo una serie que me recomendaron. Se llama Black Mirror y cada capítulo cuenta una historia sobre el uso de la tecnología. Es muy aleccionador y saca conclusiones que pueden llegar a asustar pero que son muy reales tal y como usamos hoy los sistemas informáticos.

Estoy viendo un capítulo que me ha impactado. 

Una mujer a quien se le acaba de morir su pareja, se da de alta en un programa informático que, recopilando todo lo que el hombre publicó en las redes sociales, es capaz de generar conversaciones tal y como si fuera la persona muerta. La mujer empieza escribiendo mensajes y el sistema contesta como si fuera su pareja. El siguiente paso, el sistema le plantea a ella conversaciones telefónicas y su voz y su charla es tal como si fuera él. 

Poco a poco ella se va sumergiendo en la magia de conversar con su novio aunque es consciente de que es una imitación virtual. Le puede la magia de volver a tenerlo….

La historia continua y nos os contaré el final. 

Lo dejo aquí para que pensemos en todo lo que conocen de nosotros y todo lo que pueden hacer/hacernos con ello.

Y nosotros seguimos pensando que tenemos una vida real